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Cuando el marxismo se falsifica

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07.07.2026

Santiago Armesilla lleva años presentando un proyecto llamado «materialismo político» como una renovación del marxismo. La declaración de principios no puede ser más explícita: fusionar el marxismo con la filosofía de Gustavo Bueno —el filósofo asturiano cuya trayectoria política desemboca en proporcionar cobertura intelectual a la derecha española— pero sin materialismo dialéctico. Sin Diamat, en el argot filosófico. Es decir, sin la base filosófica que sostiene el marxismo como sistema coherente: la unidad de la materia, el origen material del pensamiento, la objetividad de las leyes de la dialéctica.

La pregunta que cabe hacerse es simple: ¿qué queda del marxismo si se le extrae su fundamento filosófico? La respuesta, que este artículo argumenta en detalle, es que no queda marxismo. Queda buenismo con vocabulario marxista.

Pero hay algo más grave que la inconsistencia filosófica del proyecto, y es lo que conviene examinar con detalle: cuando las fuentes del marxismo clásico no dicen lo que el sistema de Armesilla necesita que digan, las fuentes se reescriben.

Stalin dice cuatro. Armesilla dice siete

En El marxismo y la cuestión nacional española (2017), Armesilla presenta «la definición de nación según Stalin» enumerando siete características que, afirma, deben darse todas simultáneamente para que exista una nación. El epígrafe es explícito: «Las siete características que ha de tener, obligatoriamente, una nación para ser nación». Y más adelante: «Si se dan seis características de siete, no hay nación. Tienen que darse las siete características........

© Rebelión