Los charlatanes de siempre
En Quack Quack: The Threat of Pseudoscience, el químico Joe Schwarcz recorre cinco siglos de estafas médicas y encuentra que todas comparten la misma arquitectura: un discurso seductor, credenciales dudosas, ataques feroces contra la medicina establecida y la promesa de soluciones simples para problemas complejos.
Su galería de personajes es fascinante. Está John Brinkley, un vendedor ambulante de aceite de serpiente que compró un diploma médico falso por 500 dólares, abrió un consultorio en Kansas y empezó a trasplantar testículos de cabra a hombres que se quejaban de falta de vigor sexual. El negocio despegó cuando la esposa de su primer paciente dio a luz a un niño, al que bautizaron Billy. Brinkley llegó a realizar más de 16 mil trasplantes, compró una estación de radio para promover sus servicios y casi fue electo gobernador. Cuando la Asociación Médica Americana lo calificó de charlatán, respondió que era un “sindicato de carniceros” cuyos miembros le tenían envidia porque les quitaba clientes.
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Está la Kickapoo Indian Medicine Company, que vendía un “matagusanos” capaz de producir lo que, al salir del cuerpo, parecía un parásito, pero que era un pedazo de hilo enrollado, empaquetado dentro de las propias pastillas. Está el joven Houdini, antes de la fama, trabajando como asistente de un curandero ambulante que vendía elixires milagrosos a pueblerinos........
