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Un río que bifurca sus incontables anotaciones a pie de página

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05.09.2026

Leer no es sólo consumir signos lingüísticos sino crear, elucidar, proponer, recomponer; y a menudo, somos los lectores quienes les revelamos a los autores qué fue lo que en realidad escribieron.

Porque, aunque no toda lámpara tiene su genio, de lo que si estamos seguros es que lo que brota también depende del espíritu, la mentalidad y las sensibilidades de quien frota la lámpara; de quienes nos adentramos en los lugares recónditos y las intencionalidades que habitan en cada palabra escogida para que diga algo.

Cuando nos disponemos a leer, a “frotar la lámpara” para desafiar al genio, abandonamos la multiplicidad de inquietudes de la mente y accedemos a concentrarnos, a seguir el curso de una idea, de una argumentación; a confrontarla con nuestras propias consideraciones.

El contexto sociocultural originario del escritor constituye -precisamente- una de las mayores consideraciones para interpretar a quien dedica su vida a entregar en palabras, ideas, párrafos sus relatos existenciales; cuya constelación de saberes únicamente adquiere de suyo sentido, proyección e intencionalidad a la luz de sólidos soportes culturales.

Lo que hemos sido y vamos siendo se lo debemos a la matriz epistémica que rige nuestro trasfondo vivencial; ese mundo de vida que ha nutrido el modo de conocer individual y socialmente. Que a cada quien le impronta su singularidad, su estilo para simbolizar y decir con palabras las realidades.

Entonces comporta un desafío y nos obliga a pesquisarla en todo cuanto define su modo........

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