Federico Sánchez Arias: «Cristo es un hacedor de milagros. No es un mago»
Como se señala en el evangelio de Lucas:
¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
Podemos afirmar que hay tres hechos importantes en la vida de Jesús de Nazaret:
A) El encuentro con el “Príncipe de las Tinieblas”, en la colina de la montaña de la Cuarentena, en el desierto de Judá (comentado anteriormente) B) La evocación de Moisés y de Elías, en la cima del Tabor. C) El diálogo final, poco antes de su detención, en el Monte de los Olivos, con un “padre misterioso”
Todo esto constituye una secuencia de operaciones mágicas, que estaban prohibidas “bajo pena de muerte” por la religión judía.
¿Cuál es la señal de un mago? Debe hacer milagros. Cristo es un hacedor de milagros. No es un mago. Por ello, tiene que haber una serie de diferencias fundamentales entre los milagros realizados por Jesús y los prodigios de los magos. Veámoslos:
Sus milagros son verdaderos. Los de los otros, solo son apariencias.
Eran permanentes. Los de los magos no duraban.
No están hechos como los de los magos, mediante trucos, conjuros o invocaciones a entidades demoníacas.
No eran espectáculos fútiles, sino útiles a los hombres.
Son mucho más importantes que los de los magos (resurrección de entre los muertos).
Están predichos por los profetas.
Son causa de innumerables conversiones.
A la hora de sentir la fuerza de la palabra de Jesús (Belén, h. 6 a. C. – Jerusalén, h. 30 d. C.), de comprender su mensaje de salvación, la humanidad ha preferido perderse en los datos accidentales, marginales, acerca de su vida: si nació en Belén o en Nazaret; si su onomástica es el veinticinco de diciembre o la primera quincena de agosto y no en lo fundamental: su enseñanza, su testimonio, la iniciación en el camino de autorrealización para el ser humano.
A lo largo de su vida, Jesús fue ganando multitud de seguidores. Los Evangelios muestran y recuerdan a Jesús:
Entre la gente: en medio de las personas.
Demostrando el amor de Dios, la caridad, la piedad hacia la humanidad.
Cristo es, con seguridad, la fuerza de Dios encarnada.
Él posee poder........
