menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

César Valdeolmillos Alonso: «La pirámide del poder»

21 0
25.05.2026

“La tiranía no es otra cosa que el poder sin responsabilidad.” George Orwell

La última gota nunca cae sola

Las sociedades tienen memoria, aunque haya veces que no lo parezca. No una memoria exacta, ordenada y meticulosa como la de los archivos o los tribunales. La memoria de los pueblos se parece más a esas viejas casas familiares donde todo permanece guardado en algún rincón: una conversación olvidada, una pequeña decepción, una promesa incumplida, una sospecha que nunca terminó de disiparse. Nada desaparece del todo. Todo permanece, aguardando silenciosamente hasta que un día, sin previo aviso, esas piezas que parecían inconexas comienzan a reconocerse unas a otras.

Quizá por eso los ciudadanos rara vez se echan a la calle por un único motivo. Una manifestación nunca nace el día que se convoca. Comienza a gestarse de forma imperceptible mucho antes. Se forma como las grietas en una pared: primero invisibles, luego finas y finalmente imposibles de ocultar.

Y quizá el error de muchos análisis sea precisamente ese: buscar la explicación de lo ocurrido en Madrid únicamente en Madrid y únicamente en el día en que ocurrió.

Durante años la política española ha ido dejando una curiosa sensación de repetición. Cada pocas semanas surgía un nombre nuevo, una investigación nueva, una crisis nueva o una controversia nueva. A veces cambiaban los protagonistas; otras veces cambiaban los escenarios. Pero permanecía una impresión extraña: la de estar leyendo distintos capítulos de un mismo libro.

Cuando los nombres cambian, pero el vértice permanece

Koldo. Ábalos. Cerdán. Aldama. Las mascarillas. Las investigaciones sobre el entorno presidencial. Las controversias alrededor del Fiscal General. Los conflictos institucionales. Las tensiones parlamentarias. Las crisis de gestión. Los rescates. Las polémicas internacionales. Los debates sobre la independencia de las instituciones. Los intentos de extender la influencia política hacia espacios que muchos ciudadanos consideran llamados precisamente a preservar autonomía.

Y cuando el ciudadano comenzaba a acostumbrarse a vivir entre sobresaltos políticos como quien termina acostumbrándose al ruido de unas obras interminables, irrumpió algo que para muchos tuvo el efecto de un auténtico terremoto político y emocional: la investigación judicial que alcanzó al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, un hecho sin precedentes por su dimensión simbólica y por el impacto que proyectó dentro y fuera de España.

No por su recorrido judicial —que corresponderá determinar a los tribunales— sino por lo que produjo en la conciencia colectiva: la sensación de que, cuando parecía que el asombro ya había agotado su capacidad de sorprender, todavía quedaba una vuelta más de tuerca.

Y quizá fue ahí donde algo comenzó a romperse silenciosamente. Porque existe un momento en que la acumulación deja de parecer una sucesión de episodios y empieza a transformarse en un estado de ánimo. Llega un instante en que una sociedad deja de mirar únicamente el titular del día y comienza a dirigir la mirada hacia algo más profundo: la inquietante impresión de que tal vez el problema ya no sea cada caso por separado, sino el dibujo que todos parecen formar cuando se observan juntos.

Y luego aparece algo todavía más difícil de medir: una sensación. La impresión de que cada episodio nuevo trae un nombre distinto, pero deja siempre el mismo eco.

Tomados uno por uno, todos admiten explicaciones particulares. Y sería intelectualmente deshonesto afirmar lo contrario. Cada asunto posee naturaleza........

© Periodista Digital