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Vicious

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03.08.2026

Abascal, desde Ceuta: "Estamos ante un acto de guerra promovido por Marruecos y tolerado por el Gobierno Sánchez"

En los 80´, los mejores y peores años de mi vida, la mujer comienza en España una revolución, a nivel personal, que aún hoy no ha concluido. La fémina pasa de ser presa, a convertirse en depredadora, mientras el hombre, cada vez lo va pareciendo menos, al iniciarse en las cosméticas artes de una ´metro sexualidad´ que comenzaba a apuntar maneras.

Las chicas de mi generación, las que por protocolo, en principio me hubiese tocado seducir, al principio no cambiaron demasiado el ´chip´, y siguieron esperando sentadas, al seductor que las cautivara. Sin embargo, estas treintañeras pronto se encontraron con una auténtica horda de ´yogurinas´ que invadió sus, hasta ese momento, tradicionales territorios de caza; porque, no nos equivoquemos. la mujer siempre ha sido una cazadora mucho más hábil que el hombre. Así, mientras el macho, poco pensante, arremetía lanza en ristre contra su presa, la mujer practicaba la sofisticada y mortal técnica de la caza con ´cebo y trampa´. De esa guisa, los hombres, que en su inmensa mayoría pensaban con el pene, terminaban picando en alguno de los sibilinos anzuelos que, por sus narices, les paseaban a diario las habilidosas féminas.

Pero a lo que íbamos; de repente son estas ´yogurinas´ emergentes, las que irrumpen en el mercado, llevándose por delante todo lo que pillan; sin ir más lejos, a un servidor, más veces de las que la decencia y el decoro permiten enumerar. Así, el hombre pasó de ser el teórico cazador, (realmente nunca lo fue), a convertirse en codiciada presa. A partir de ese momento, las jovencitas pierden las vergüenzas que nunca llegaron a tener, y son ellas las que baten a los sorprendidos e inmaduros hombres.

Había llegado la revolución. Los hombres comienzan a acicalarse, y, poco a poco, los papeles se van invirtiendo. Es lo que había, y no........

© Periodista Digital