L’Angleterre, ah, la perfide Angleterre
Aliança Catalana y la izquierda independentista se enfrentan a gritos en el Fossar de les Moreres antes de la Diada
Los españoles adolecemos de muchos defectos, pero jamás la cobardía ha estado entre ellos; y tal vez sea por esa circunstancia que cuando de guerra hablamos, siempre hayamos confiado más en los cojones que en la tecnología bélica. De este hecho han sido testigos de excepción, incontables campos de batalla, que regados de sangre española, quedaron como mudos testigos de las gloriosas hazañas de nuestra indómita raza.
Con los anglosajones ha sucedido justo lo contrario, y tal vez por ello es por lo que han dedicado más tiempo y esfuerzo, a la hora de inventar ingenios que les evitasen entrar en la lucha cuerpo a cuerpo, que a ´echarle huevos´ al asunto.
Sirva de ejemplo como, cuando la infantería española, los Tercio, era considerada como la mejor y más temible fuerza militar de Europa, los ingleses decían que, si los infantes españoles aparecían por tierra, solo quedaba rezar a San Jorge. De ahí que los ingleses, cuando de españoles se trataba, prefirieran la lucha en el mar. Y no porque sus barcos fueran más potentes, o tuvieran mejores marinos, sino porque eran más ligeros y rápidos que los pesados y enormes barcos españoles. De nuevo, la utilización de la agilidad, para evitar el cuerpo a cuerpo con la infantería de marina española, la más antigua del mundo.
Y es que el cuerpo a cuerpo nunca fue lo suyo. De hecho, es tal la urticaria que les produce el sentir en sus narices el aliento del enemigo, que ya en la Edad Media inventaron el célebre “Arco largo inglés”, que les permitía matar al contrincante, a una distancia de 200 metros.
De la Guerra de las Malvinas procede una injusta, amén de falsa, frase que dio la vuelta al Mundo: “Si prevalece la sangre española en los militares argentinos, lucharán hasta la muerte, pero si prevalece la sangre italiana, no lucharán o se rendirán”. No hay constancia de que dicha frase fuera pronunciada por ningún mandatario británico.
Es más, y en este orden de cosas, da la casualidad que el primer caído por su patria, en la Guerra de las Malvinas, fue el capitán de fragata Edgardo Giacchino, argentino de sangre italiana, el cuál iba el primero, desafiando el peligro, encabezando a un grupo de comandos anfibios, cuando fue abatido por el fuego enemigo.
De aquellos tristes días, me quedo con la emotiva carta que le envió el teniente Roberto Estevez a su padre, poco antes de entrar en la que iba a ser su última batalla. Así decía aquel militar de sangre y habla hispana; que no latina:
Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor. Él, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión. Pero fíjate vos, ¡qué misión! ¿no es cierto? ¿Te acordáis cuando era chico y hacía planes,........
