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Aligerar, para volver a correr

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27.04.2026

Caza de brujas en el PSOE: Sánchez busca histérico al filtrador de los vídeos del pucherazo en el Comité Federal

La memoria es como un enorme desván repleto de historias. Unas colocadas a la vista dentro de una iluminada vitrina que evocarán los mejores momentos de nuestra vida, mientras que otras de ingrato recuerdo, permanecerán apiladas en la sombra, cubiertas por las telarañas del rencor, cuando no del miedo o el remordimiento.

Personalmente creo que es saludable hacer limpieza de vez en cuando, desprendiéndonos de todo aquello cuyo larvado recuerdo nos amarga, sin a cambio aportarnos nada nuevo.

Ahora habrá quien me diga que hay que conservarlo todo, hasta lo malo, porque esas malas experiencias forman parte de nuestra vida; de nosotros mismos. Me dirán que esas vivencias de mal recuerdo, nos enseñaron lecciones importantes, ayudándonos a crecer.

Efectivamente, crecemos como personas a base del sufrimiento con que pagamos nuestros errores, del mismo modo como crecemos y sobrevivimos como cuerpos, a base de las calorías que nuestro cuerpo extrae de los alimentos que ingerimos. Pero claro, una vez terminado el proceso de extracción de lo positivo, de lo sustancial, a nadie se le ocurre guardar en un armario los excrementos resultantes. Pues eso.

Dicho con otras palabras; extraigamos el máximo provecho de los golpes que da de la vida, quedándonos con el aprendizaje positivo, y depositemos, en la taza del wáter, los detritus resultantes de la experiencia, y tiremos de la cadena, sin mirar lo que pudo ser y no........

© Periodista Digital