Desolación
“DESOLACIÓN” es el título del gran poemario de Gabriela Mistral, la poeta del viento. La chilena que consiguiera el Nobel de Literatura, veinticinco años antes que Neruda. Premios de extraordinario prestigio entonces, hasta la perversión actual – sin contar el de Kissinger – con la concesión, por ejemplo, del Nobel de la Paz a Corina Machado. Premio que luego regalara de manera obscena y humillante a Trump. Más el que le entregó Gianni Infantino – otro impresentable – y su FIFA, al gran pacifista… de guiñol y pacotilla. Por favor, decidme algo que esta gente no haya pervertido. Todo lo que tocan sus sucias manos, queda profanado y corrompido.
El poemario de Gabriela fue publicado en Nueva York en 1922. Un libro desgarrador cuyos versos expresan el dolor y la angustia cuando ya no puedes más. Cuando ya te fallan las fuerzas y la tristeza y la incomprensión no te permiten resistir. La desolación de la poeta con los mismos elementos de la naturaleza siempre presentes: “La bruma espesa, eterna”, el viento, que “hace a mi casa su ronda de sollozos y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito”, “el mar callado y yerto”, “la nieve silenciosa”. El mar que ahoga a los que huyen del hambre y la guerra, el viento que silencia nuestras voces, la nieve y el frío que hielan nuestros corazones. Desolación porque “la tierra a la que vine no tiene primavera”, “porque la noche larga ahora tan solo empieza.”
Veo, estupefacto, en el noticiario de la BBC las jaulas metálicas en las que han metido a los inmigrantes, “cazados”, como diría ese innombrable diputado al que pagamos 9.278 euros mensuales y que da tanto asco y grima, por el ICE de Estados Unidos y llevados al centro de detención de migrantes Alcatraz. Ahora Alcatraz Alligator, refiriéndose a los caimanes de los humedales de Florida que rodean el centro, dispuestos a devorar al que se lance al agua. El gobierno USA es repugnante hasta con la toponimia: “Alcatraz de los Caimanes.” Hortera, megalómano y ridículo, cambiando los nombres al Lago Ontario y al Golfo de México. E inhumano, alabando a sus caimanes que se comen a los presos. Desolación.
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Según ha reconocido el propio gobierno, las jaulas se utilizaban para “calmar” a los detenidos y que “se tranquilizaran y tuvieran tiempo a solas”. La jaula de rejillas metálicas, tiene una superficie de 1,67 m2. Es decir, una cabina telefónica. Una jaula que los funcionarios denominaban “la caja”. Dejada a la intemperie, en medio del patio, bajo el sol y la lluvia, bajo el miedo y la tortura, para que el resto de detenidos, unos 1.500, te vieran ahí dentro. Atado, esposado de pies y manos. Obligado a mantenerte erguido durante horas, sin poder sentarte o tumbarte.
Si en esa jaula metieran a un animal en esas condiciones, no sé, un chimpancé, una........
