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La historia LGTBIQ+ importa (y sus etiquetas también)

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27.06.2026

Casi siempre, cuando se habla de las personas LGTBIQ , escuchamos frases que abogan por el fin de las etiquetas. También personas gais, lesbianas y bisexuales, personas cis y trans, que las rechazan o las toleran, a regañadientes, como un mal menor. Al igual que se repiten expresiones del tipo "ojalá no hubiera Orgullo porque eso significaría que ya no habría nada que reivindicar". ¿Se imaginan que dijésemos lo mismo cada 1 de mayo, o el 8 de marzo, anhelando el día en el que no tuviéramos que reivindicar nada porque los empresarios han dejado de ser explotadores y el patriarcado ha dejado de ser criminal? Ni nos lo imaginamos. Pero con nuestra lucha, sí. Siempre de puntillas, siempre como pidiendo perdón por existir y por reivindicar. Pienso si esos mantras han acabado provocando una invisibilización de quienes somos, de nuestra memoria histórica y de nuestras siglas en pos de una celebración amable, rentable o tan diversificada que deja de ser nuestra.

No llego a entender la necesidad de rehuir de nuestra identidad llamándolo "etiqueta". Decidle a una persona heterosexual que rehúse de su "etiqueta hetero", a ver qué os dice. Los seres humanos somos, entre otras muchas cosas, etiquetas. Un cúmulo de aficiones, conductas, vivencias, experiencias, deseos, frustraciones, objetivos, que nos identifican. O sea, etiquetas. Y es curioso que la etiqueta de tu equipo de fútbol no moleste, la de fan del grupo o diva pop, nada; la de licenciado en tal o cual carrera menos aún, y la de votante de una determinada ideología, tampoco. Pero la de gay, lesbiana, bisexual, asexual, no binaria, esa sí, cuando, repito, si algo demuestra una persona heterosexual desde que se levanta hasta que se acuesta es su orientación sexual. Lo mismo no se dan ni........

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