El desahucio de Maricarmen es violencia
Esta columna está escrita con tinta de rabia. La escribo mientras las sirenas de la policía, la misma que empuja a una profesora jubilada por la espalda pero le pide por favor a los fascistas que se aparten un poco de la calzada, resuenan por un Madrid que despierta con la amenaza del desahucio a Maricarmen, una mujer de 87 años, a manos de un miserable fondo buitre.
Y esa desvergüenza transcurre mientras escucho a los líderes políticos de la derecha repetir una frase comodín terriblemente tramposa e interesada: “condeno la violencia, venga de donde venga”. Llevo escuchando esa frase varias semanas, a raíz de la violencia que han desencadenado los grupos ultras contra la inmigración, y todo aquel que la defienda, aprovechando el avispero de Ceuta. Ese “venga de donde venga” es un guiño a su violencia y un tirón de orejas a nuestra respuesta a su violencia. Porque ese “venga de donde venga” no señala ni condena la violencia primogénita sino la reacción del vulnerable, del oprimido, del violentado.
Creo que todos sabemos diferenciar entre la motivación que lleva a un nazi a quemar el chamizo de un migrante y la respuesta de un migrante que le lanza una piedra al nazi que le quiere dejar sin casa.........
