menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Algún hombre bueno

9 0
25.05.2026

En la primera presentación de ‘Marcelino’, en la librería Ramón Llull de València, acabaron todos los asistentes, y la propia autora, bailando agarrados. Fueron pasodobles. Puede parecer algo anacrónico, en estas épocas en que los jóvenes apenas bailan y ni siquiera aplauden, pero solo te extraña si aún no has leído la preciosidad de novela que ha bordado Bibiana Collado con una lata de galletas danesas llena de hilos viejos de mil colores. Cuando lo has hecho y ya conoces a Marcelino, bailar agarrado te parece lo más normal del mundo. Lo justo, lo deseable.

Marcelino (Pepitas de Calabaza, 2026) contiene en sus casi 150 páginas la diminuta inmensidad de la vida de la gente corriente, con las pequeñas desgracias íntimas propias y de los otros, esas miserias fundacionales que a menudo ignoramos, por comunes. Y también los gozos, las chispas brillantes que brotan algunos ratos en el transcurrir de los días y que, al final de la carrera, serán las frases subrayadas en el resumen de nuestra vida. Y sobre todo, flotan y se elevan los afectos, esos globos aerostáticos, esas boyas en nuestros mares privados. Marcelino son los “decires de un hombre” de la generación de la que nos quedan ya poquísimos retazos, de un........

© Público