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Ante la duda: no le gustas

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26.02.2026

Dice mi amiga María que ella, cuando conoce a alguien nuevo, sabe ver al momento si a ese extraño le han querido mucho. Ella es medio bruja, así que yo la creo. Callo y asiento, como le hacía a mi maestra de infantil cuando me contaba mis primeros cuentos. Dice María que lo nota porque esa gente aterriza en la mesa con un aire reposado. No llegan temerosos, tampoco sedientos. Esperan a ser atendidos. Traen consigo algo más delicioso que la chulería, la calma. Los que han sido muy queridos son empiristas. Confían en que cada mañana saldrá el sol y en que caigan donde caigan, ellos, una vez más, volverán a caer bien. 

María lleva razón. Sin embargo, lo que verdaderamente huele más que una basura con restos de pescado en agosto, es la gente a la que jamás le han dejado de querer. Existen. Hay gente por ahí, en la asociación de padres y madres del cole, en la oficina, en la clases de zumba del polideportivo, a la que nunca le han roto el corazón. No me dan envidia. Me provocan más bien una ternurilla flácida, como cuando un padre de familia se hace el listillo en un free tour. Hay algo de indignidad en tener más de veinte años y no haber conocido el fracaso. ¿Cómo vas a tener algo que contarme si nada verdaderamente importante te ha salido mal? Los buenos narradores son derrotados con mucha labia. 

A los que jamás han recibido una cornada les pasa lo mismo que a la peña extremadamente guapa de nacimiento. Personas hermosas con la que basta una conversación para descubrir que también son un poco aburridas o un poco tontas. Es la consecuencia de no haber necesitado desarrollar una personalidad para medrar en la vida. Para crecer hay que perder los dientes de leche y ganar, en el camino, algún rechazo. Por higiene, por decoro o porque la gente sexy siempre es la que está algo magullada. Pero también para ganar libertad. Mis amigas menos promiscuas son las que tienen más miedo a ligar. Da igual que sean preciosas o que tengan dobles titulaciones universitarias, no va por ahí. A las inexpertas es a quienes más le aterra declararse. Por una cuestión de prueba y error, son las que menos noes se han zampado. No saben lo que se siente y, como todo lo que no conocemos pero sí imaginamos, es mil veces peor en su cabeza.

Se necesita autoestima para creer que puedes gustarle a alguien, la........

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