¿Y las mujeres que no facturan?
El espectáculo termina con una lluvia de billetes. Shaki-dólares con el rostro de la artista impreso caen sobre el público, reemplazando al tradicional confeti o a la pirotecnia. En el centro del escenario, vestida de oro o plata, la cantante repite su ya icónico gesto, el brazo que imita a una caja registradora. "¡Las mujeres ya no lloran! ¡Las mujeres facturan!"
El mantra se repite en toda la gira, es la identidad visual del disco y de todo lo que lo rodea. Shakira llorando diamantes en vez de lágrimas, Shakira rodeada de esmeraldas y rubíes, Shakira sobre una montaña de piedras preciosas. No se puede decir que el mensaje sea sutil, que deje algo a la imaginación.
"Un himno de empoderamiento femenino"
Es sabido que estrellas globales como Shakira o Bad Bunny tienen hoy más poder de influencia en el imaginario colectivo, más capacidad de modificar o promover actitudes y comportamientos que la mayoría de representantes políticos o magnates de los negocios. Por eso lo que cantan, y cuentan, importa.
Ni Shakira ni ningún otro artista están obligados a educar a nadie. Son libres de cantar sobre su dinero, su éxito, sus amores o despechos, y de difundir los mensajes que elijan. El problema es que Shakira no enmarca su trabajo solo como desahogo individual, sino como una especie de liberación colectiva. "Un himno de empoderamiento femenino", así se refieren sus fans a Las mujeres ya no lloran, una idea que ella recoge, amplía y celebra, dedicándoselo a todas las mujeres, y en particular a las madres solteras que luchan por sacar adelante a sus familias. Como hizo recientemente en su megaconcierto en Brasil, donde, en el contexto de precariedad extrema de millones de mujeres, llegó a afirmar desde el escenario: "Yo soy una de ellas".
Hay muchas cuestiones que afectan a las mujeres por el hecho de serlo, pero la tradición feminista nos........
