Cuerpos, IA, pantallas y encíclicas: el orgullo de la diversidad sexual en tiempos polarizados
Parece incompatible mezclar al papa con el orgullo LGTBI y la diversidad sexual, ¿verdad? Más allá de mi intento por llamar tu atención y ser algo provocadora, en su reciente visita León XIV se mostraba como un auténtico sexólogo (sic) y reflexionaba en su encíclica Magnifica Humanitas: "Las inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar, pueden simular pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se hace sabio".
Hablar de diversidad sexual exige precisamente detenerse en cómo entendemos la propia noción de diversidad. No como una suma de etiquetas ni como un campo de batalla ideológico, sino como la expresión de la variabilidad humana en cuerpos, deseos, identidades, prácticas y vínculos. La diversidad sexual es, en esencia, relacional: se construye en el encuentro con otro ser humano, en el reconocimiento mutuo, en la convivencia de diferencias reales. Y ese encuentro —aunque hoy transite por pantallas— nace siempre en cuerpos situados, en biografías concretas.
Pero aquí Prevost acierta de pleno con una idea clave: la ausencia de cuerpo en lo digital. Cuando la interacción se despliega en entornos digitales, desaparecen muchos de los matices que hacen posible el reconocimiento de la otra persona: el gesto, el tiempo compartido, el contexto. La palabra se vuelve más rápida, más categórica, más expuesta a la simplificación. Hay personas que se atreven a superar líneas rojas que en persona ni se plantearían.
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En ese terreno, la polarización encuentra un ecosistema ideal. Y la diversidad sexual, que debería remitir a pluralidad y complejidad, corre el riesgo de quedar atrapada en narrativas binarias: posiciones rígidas, identidades convertidas en trincheras, debates que sustituyen la escucha por la reacción inmediata. El resultado no es mayor comprensión, sino mayor distancia. Y cuando se diluyen los cuerpos, se debilitan también las coordenadas que sostienen........
