Cuba, cinco (terribles) años después
Han pasado cinco años desde que nos mordió la bestia diminuta. Cinco años desde que se extendiera la pandemia de COVID-19 a todos los continentes y de que el mundo tuviera que apagarse un poco para resistir el embate del SARS-CoV-2.
En el período más álgido de la pandemia, cuando los reportes estadísticos diarios caían como puñales sobre nuestras cabezas, tuvimos más miedo que nunca y, sin embargo, durante meses supimos practicar el aislamiento físico como forma paradójica de solidaridad, aplaudimos a los médicos y comprendimos las lógicas de la inmunidad de rebaño.
Pensábamos que después de esa experiencia seríamos más comprensivos, empáticos; que la ciencia conquistaría al fin la mayor reputación social y tendría un lugar privilegiado para el trazado de políticas; que la colaboración entre países y entre lo público y lo privado sería norma irrevocable; que sabríamos apreciar mejor los peligros de la huella que dejamos en nuestro planeta y actuaríamos en consecuencia.
Pero nada de eso. Aprendimos mucho menos de lo que creímos que aprenderíamos después de tanto dolor.
El mundo hoy es todavía más peligroso de lo que era: cada vez más votos van a las ultraderechas y los fanatismos; la disparatada economía genera más desigualdad; las guerras se multiplican: los muertos bajo la metralla aumentan y el peligro nuclear acecha; las tecnologías evolucionan sin control y unas minorías de ultrarricos las dominan.
Así va el mundo. Y así va también........
© OnCuba
