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Lorena V.F. : “Quién ha visto una cabeza floreciendo”

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13.02.2026

Lorena Susel Velázquez Fraga (Holguín, 1996), en lo adelante Lorena V. F., hace unos día recibió el Premio de la Ciudad de Holguín en su edición 40, correspondiente a 2026 (ex aequo con Erian Peña Pupo) por el poemario Manual de flores tristes.

Antes, esta autora había sido distinguida con el Premio Nuevas Voces de la Poesía 2024, reconocimiento que otorga la Asociación Hermanos Saíz, por el volumen Vaso con fresas, que recientemente viera la luz.

Licenciada en Letras por la Universidad de Oriente (2021), Lorena es, además, artista visual y editora, profesión que ejerce en Edicones La Luz, de su provincia natal. También ha ilustrado algunos libros para su casa editorial.

La poesía de ella es directa, autorreferencial, con un trasfondo lírico que no esquiva las esquinas agudas del vivir. Tanto por lo que escribe como por lo que pinta, es evidente que reverencia a la naturaleza. No devela paisajes. Habla de/desde/con las flores, seres vivientes a los que no les niega su capacidad de sentir, más allá del aspecto simbólico y las codificaciones que desde antiguo los poetas les han conferido.

Sobre su ejercicio de las artes plástica, en su dossier profesional alguien ha escrito:

“Su trabajo como ilustradora ofrece su visión particular del universo femenino. Toma las formas del tatuaje tradicional americano y las plaga de diversos simbolismos para entregar un mensaje que el espectador debe descifrar. La naturaleza, la mujer y la representación de lo divino, lo folklórico y lo erótico son elementos de obligatoria aparición en su obra.”

Saludamos en Lorena la aparición de una voz que se estampa, como el tatuaje al cuerpo, en un mundo singularísimo. La poesía cubana le abre sus puertas. Tiene un largo camino por delante. Qué el éxito la siga acompañando.

Al final de uno de sus poemas, Lorena se pregunta: “Quién ha visto una cabeza floreciendo”. Creo que puedo responder a eso: Yo. La suya.

¿Cómo fue tu despertar a la poesía? ¿Puedes relatarnos de qué manera se dio el encuentro entre tú y ella?

Empecé a escribir en el 2023, lo que da la medida de que, en términos de experiencia, hace muy poco tiempo que escribo. Comencé a escribir motivada no por un afán de reconocimiento, no con una idea preconcebida de lograr algo en específico. Esa no es mi historia. Escribí los primeros textos en un momento de mi vida emocionalmente complicado, y no estoy tiñendo de negro ni de rosa la palabra “emocionalmente”. Usé la poesía como válvula de escape.

Hubo un momento exacto en que dije “quiero decir esto, y lo voy a escribir de la siguiente manera”. Y así se quedó conmigo la poesía.

Comenta tus lecturas iniciales, aquellas que, piensas, hayan influido más en ti.

Yo empecé a leer muy pequeña. Tenía cuatro años y ya sabía leer. Es algo que, si me lo preguntan, lo recalco mucho, porque para mí la literatura es como la respiración: un proceso inherente a la vida. Amo leer. Con el paso del tiempo probablemente me haya vuelto un poco más selectiva de lo que fui en etapas anteriores de mi vida.

Leí Como agua para chocolate cuando estaba en tercer grado. Tendría siete u ocho. Es un libro que para esa edad resulta un poco complicado. Cuando era pequeña, a la hora de escoger las lecturas, nunca se me prohibió nada. Leía lo que quería. Mi mamá fue la persona que me enseñó a leer, también es una lectora infatigable. Cuando quería leer algo yo siempre le preguntaba, con el libro recién sacado del librero en la mano: ¿mami, puedo leer esto? No le pedía permiso, sino su opinión, si creía que me gustaría.

Esa dinámica la tenemos todavía. De aquellas lecturas iniciales no puedo olvidar Heidi, Tom Sawyer, Mujercitas, Cuentos y estampas, Corazón. Los cuentos de hadas. En mi casa habían libros viejísimos de colecciones de cuentos de hadas de diferentes culturas: cuentos de hadas hindúes, alemanes, ingleses, chinos, españoles. También cuentos populares rusos, esa famosa compilación que hizo Alexandr Afanasiev y que se vendió en Cuba en tres volúmenes hermosos.

Tuve a mi disposición las colecciones de cuentos de los hermanos Grimm, de Charles Perrault, de Hans Christian Andersen. También leí muchísimo de la literatura infantil rusa, en aquellos libros preciosos que se comercializaban aquí cuando todavía existía la Unión Soviética.

En mi casa siempre hubo libros. Libreros y estantes, por doquier. Sin embargo, he empezado a consumir poesía casi al mismo tiempo que comencé a escribirla, porque soy más de narrativa. En mi etapa de estudiante de Filología, era alumna ayudante de Teoría Literaria. Siempre fui de hacer análisis narratológicos en las obras, examinar aspectos específicos en novelas y cuentos.

Me gusta el costumbrismo, el realismo mágico. Mis libros favoritos: Malena es un nombre de tango,de Almudena Grandes; Mujercitas, de Louisa May Alcott, que me encanta y creo que es el libro que más he releído en mi vida, porque soy del tipo de persona que sabe lo que le gusta y lo repite. Si me gusta el vestido que traigo puesto, lo voy a volver a usar. Con el arte es lo mismo, siempre volveré al filme, a la serie, al libro que en algún momento me atrapó.

Consumo mucho arte hecho por mujeres, a las autoras latinoamericanas, ibéricas. Son mi apuesta segura y mi zona de confort. Sabina Urraca, Marcela Serrano, Aurora Venturini, Luna Miguel, Mónica Ojeda, Cristina López Barrios con su Niebla en Tánger y La casa de los amores imposibles, que descansa en mi librero lleno de........

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