El derecho a sentirse bien: la salud mental como cimiento del desarrollo infantil en Bolivia
Cada 12 de abril, Bolivia se viste de colores para celebrar el Día del Niño y de la Niña. Es una fecha de alegría, pero también debe ser un momento de profunda reflexión sobre las promesas que, como sociedad, les hemos hecho a la niñez porque, más allá de los festejos, esta jornada nos enfrenta a una pregunta ineludible: ¿estamos realmente garantizando el bienestar integral de nuestra infancia?
Durante años, la agenda pública ha priorizado —con justa razón— derechos fundamentales como la alimentación, la educación o la salud física. Sin embargo, hoy el país enfrenta un desafío menos visible, pero igual de urgente: la salud mental de niñas, niños y adolescentes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental como un estado de bienestar en el que la persona reconoce sus capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad. No se trata, por tanto, solo de la ausencia de enfermedad, sino de una condición esencial para el desarrollo humano.
Bajo esta premisa, la salud mental en la infancia y la niñez no es un complemento, es el cimiento. Es lo que permite a un niño en el altiplano, a una niña en la Amazonía o a un adolescente en los valles crecer, relacionarse, gestionar emociones y construir una identidad sólida. Cuando este bienestar falla, no solo se compromete su presente, sino también su futuro y el del país entero.
En ChildFund Bolivia lo tenemos claro: ningún niño o niña puede alcanzar su máximo potencial si vive atrapado en el miedo, la ansiedad o la tristeza. La salud mental no es un lujo ni un tema secundario; es un derecho humano fundamental que sostiene el aprendizaje, la convivencia y el desarrollo sostenible.
Los datos en Bolivia obligan a encender las alertas:
La Organización Panamericana de la Salud (OPS), en un marco regional, advierte que los problemas de salud mental en la infancia afectan directamente el rendimiento escolar y aumentan el riesgo de abandono educativo (OPS, 2021).
Un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señala que el 20,8% de estudiantes de secundaria presenta síntomas depresivos, mientras que más del 50% reporta niveles de ansiedad (UNICEF Bolivia, 2022).
Según el Ministerio de Salud y Deportes, los trastornos mentales registrados en el sistema público superaron los 69.000 casos hasta 2023, con predominio de depresión y ansiedad (Ministerio de Salud y Deportes, Bolivia, 2023).
Pero hay una cifra que duele más que cualquier otra: la del suicidio. Bolivia ha comenzado a reconocer esta realidad con la formulación del Plan Plurinacional de Salud Mental 2026–2030; sin embargo, detrás de cada número hay historias marcadas por violencia, abuso, soledad o ausencia de redes de apoyo. La desesperanza no puede convertirse en el destino de nuestra niñez.
De la reacción a la prevención: una tarea colectiva
El desafío no es solo atender, sino prevenir. Desde ChildFund trabajamos incansablemente para crear entornos seguros para la infancia. Gracias al apoyo de nuestros socios locales en el país hemos implementado herramientas como los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) y su botiquín PAP en casi 400 unidades educativas y personal de las Defensorías de la Niñez y Adolescencia, entendiendo que el apoyo emocional debe llegar mucho antes de que el niño o la niña llegue a un hospital. La salud mental comienza en la casa, en el aula y en los barrios.
Pero ningún esfuerzo será suficiente sin un compromiso estructural. Es urgente que el nuevo Plan de Salud Mental se traduzca en presupuesto, servicios accesibles y profesionales capacitados en todo el territorio, disponibles para toda la niñez. Bolivia necesita un enfoque comunitario que acerque la salud mental a la vida cotidiana y rompa el estigma que aún la rodea.
A madres, padres y educadores les decimos que escuchar también es proteger. Validar las emociones de un/a niño/a no es debilidad ni sobreprotección, es fortalecer su capacidad para enfrentar el mundo. Buscar ayuda psicológica no debe ser motivo de vergüenza, sino un acto de responsabilidad y de cuidado.
Este 12 de abril, el mejor regalo no cabe en una caja. Si Bolivia quiere avanzar, primero debe garantizar una infancia sana también en lo mental. Debemos asumir el reto de convertirnos en un país donde sentirse bien no sea un privilegio, sino una garantía, porque una niñez que crece segura, escuchada y valorada tiene el potencial de convertirse en adultos y adultas capaces de reproducir bienestar en su entorno y en las próximas generaciones.
En ChildFund estamos seguros de que apostar por la salud mental de la infancia es apostar por el país que queremos ser: para que Bolivia crezca, su niñez debe sanar y soñar sin miedo.
La autora es Directora País de ChildFund en Bolivia
