Benchmarking para políticos
En política, a diferencia de otros campos, existe una extraña resistencia a aprender. Mientras en el mundo empresarial copiar buenas prácticas es no solo legítimo, sino imprescindible para competir; en la gestión pública predomina una mezcla de improvisación, soberbia e ignorancia que impide aprovechar experiencias exitosas. Como si gobernar fuera un ejercicio de originalidad creativa y no, en esencia, un problema de eficacia.
En ese contexto, una técnica ampliamente utilizada en el ámbito empresarial podría ofrecer una lección elemental —y urgente— a la clase política: el benchmarking.
Más allá de sus múltiples definiciones, muchas de ellas vinculadas a la competencia comercial, el benchmarking puede reducirse a una fórmula simple, pero extraordinariamente potente: mirar, copiar y mejorar. Tres pasos. Nada más. Pero, al mismo tiempo, nada menos.
El primer paso -mirar- implica identificar las mejores prácticas. Observar qué países, qué gobiernos o qué instituciones han logrado resultados exitosos en determinados ámbitos. No se trata de mirar cualquier cosa, sino de seleccionar rigurosamente aquello que ha demostrado funcionar.
El segundo paso -copiar- rompe con un prejuicio profundamente arraigado en la política: la idea de que copiar es negativo. En realidad, copiar inteligencia es una virtud. Si algo funciona en otro contexto, ignorarlo en nombre de una supuesta originalidad no es más que una forma sofisticada de........
