Bronca
Bronca, miedo, miedo y bronca. Ese es el ciclo ya casi histórico que termina inevitablemente en confrontación. Parece un sistema de fácil activación.
Bolivia no es un país de clases medias grandes. Es un país de personas al límite económico y social que, además, como dice Fernando Untoja, se hallan resentidas y aisladas. Un país que guarda una acumulación de desilusiones y resentimientos legítimos, pero que tropieza en los “cómos” en que se expresan. Nuestras visiones son diferentes porque los marcos de percepción que las crean también lo son. Se generan claves de comprensión distintas y, aunque ambas válidas, nunca son compartidas; más bien, se hallan en continua confrontación.
Las élites de nuestro país son profundamente racistas. Sé que la frase, así, sin afeites, golpea. Es algo que vengo sosteniendo en diferentes lenguajes y plataformas desde hace años. Incluso mi libro (el único, por ahora) sobre reputación y manejo de crisis advierte sobre este aspecto desde el ámbito soft (el mundo de las creencias y no de la razón).
El racismo ha crecido en los años del MAS y las élites lo han normalizado bajo el supuesto de que estaban siendo víctimas de “racismo al revés”, lo que teóricamente no existe por una razón simple: el racismo es racismo cuando está unido al poder y a la opresión históricas. Que el MAS, como representación de........
