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Cuando «rejuvenecer» se convierte en superstición corporativa

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10.03.2026

En demasiadas empresas, la estrategia de crecimiento se reduce a una frase automática: «tenemos que ir a por los jóvenes». No se dice con mala intención. Se dice con la tranquilidad de quien repite algo que suena moderno, seguro y socialmente aceptable. Como ‘hay que preparar el futuro’ o ‘hay que escuchar al consumidor’. Nadie te va a discutir eso en una reunión. Precisamente por eso es peligroso.

Porque, en Europa, el juvenilismo por defecto se ha convertido en una apuesta cada vez menos sólida. No por ideología, sino por matemáticas simples: demografía, poder adquisitivo, estructura del gasto y rotación real de clientes.

Empecemos por el elefante en la sala, que es un elefante con canas: la población envejece. Y no envejece «un poco» Envejece de forma estructural. Eso cambia dónde está el volumen, dónde está el margen y dónde está la estabilidad. Si tu categoría vive de frecuencia y ticket medio, insistir en el consumidor más joven como único horizonte puede ser como abrir un restaurante y obsesionarte con atraer a gente........

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