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Antes solas

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24.03.2026

24 de marzo 2026 - 03:08

Me gusta que la sección de los diarios reservada a la reflexión aborde cuestiones tenidas (mal) por menores –quienes establecieron los universales, lo importante, aquello que merece cursivas, se perdieron pensar en lo cotidiano, en la dureza o ternura que habitamos–. A menudo volvemos a ser las mujeres quienes traemos tales asuntos al debate. Leía el otro día una tribuna, y las reacciones a la misma, donde la autora ponía de manifiesto que no pocas mujeres heterosexuales prefieren estar solas a mal acompañadas. Sobre todo, cuando la soledad no es ausencia de una misma sino tierra fértil, y la compañía deviene en mala en tanto nos pide que existamos más bajito, sin molestar mucho, y nos acostumbremos a pasar hambre afectiva. También lo es, mala compañía, cuando lo que parecía un adulto desvela su faz de niño avejentado que, en vez de encargarse de sí, te pide que aguantes sus pamplinas y rabietas a las que llamará, equivocadamente, vulnerabilidad. O prueba a ser un padrecito que te invalida o aprueba, según. O lo peor, todo junto: padre, hijo y espíritu errático. Normal que a una mujer independiente y madura tipos así la eroticen cero ni los quiera por familia; aprende a no sembrar sobre el asfalto.

Este no es –no solo– un asunto íntimo sino social. Tendemos a entonar el “¡Lo que no me pase a mí!” en situaciones bastante comunes que hunden sus raíces en la educación sentimental, la socialización y ciertos roles que nos hacen la puñeta a unas, y también a otros. Cuántas veces, cuando muere el abuelo, la abuela se vale por sí misma pero, si muere antes ella, toca hacerse cargo del viudo. Cuántas, el marido tiene tiempo para la cofradía, la peña, el liceo y el gimnasio, y la esposa ni un segundo. Cuántos esforzados varones no pueden soportar el tormento de plancharse la camisa. ¿Quiénes están dispuestos a abrir el pecho y sacar de él tanto trasto viejo para dar sitio a una mujer que no se conforma con menos? Pues claro que hay. Y también mujeres que siguen escogiendo pareja desde la herida, aceptando la carencia y la desigualdad. Escucho decir que el problema es que las de ahora no estamos dispuestas a aguantar. Yo lo veo como una ventaja, una ocasión para esas mujeres y hombres que, a solas y en compañía, se animan a vivir con valor, amor propio y ajeno, y mayor humanidad.

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