EEUU entre el TACO y el FAFO
El acrónimo TACO (del inglés: Trump always chickens out, N. del E.), algo así como “Trump siempre se mariconea”, fue la ocurrencia de un analista financiero para referirse a la retractación del presidente de EEUU, en abril del 2025, de aplicar aumentos extraordinarios en aranceles al ver que estos causaban una caída en picada de los mercados de capitales.
Esa no fue la única ocasión en la que Trump se echó para atrás, o se “mariconeo”. A fines de 2025, declaró su intención de hacerse de Groenlandia por las buenas o por las malas. Ante la resistencia de Dinamarca, “dueña” de esa isla, y la solidaridad de sus socios europeos en la OTAN, desistió ante la amenaza de la destrucción definitiva de esa alianza militar si llegaba a hacerse de esa isla a la fuerza.
El acrónimo FAFO (fuck around, find out) contiene un grueso insulto en inglés que agudiza su intención de una manera muy sucinta y efectiva. Significa algo así como “no me busques porque me vas a encontrar”, o sea, si te pones liso, te portas mal o colmas la paciencia, tienes que atenerte a las consecuencias.
Ese acrónimo también es válido para describir el comportamiento de Trump. Al mandar toda una armada a las costas de Venezuela, tenía que usarla contra el régimen de Maduro o dar un humillante paso atrás. Él procedió a raptar al presidente venezolano en un operativo militar impresionante ya que ni un efectivo estadounidense falleció, mientras que cientos de efectivos cubanos y venezolanos de la guardia personal de Maduro perdieron la vida.
Lo mismo sucedió en junio del año pasado cuando, ante los rodeos del equipo negociador iraní respecto de la insistencia de EEUU en que Irán desista definitivamente de tener la capacidad de fabricar armas nucleares, Trump ordenó el bombardeo de las instalaciones nucleares de ese país, supuestamente destruyéndolas y sepultando el material radioactivo necesario para fabricar esas armas.
Este 28 de febrero EEUU, conjuntamente con Israel, nuevamente atacó a Irán; una instancia más donde el FAFO prevaleció.
En el plano táctico militar, EEUU ha tenido éxito en destruir las fuerzas aéreas y navales de Irán, así como sus sistemas antiaéreos, y degradar extensamente su capacidad de atacar con misiles y drones.
Sin embargo, a nivel estratégico Irán ejerce una gran capacidad de presión sobre EEUU.
La ventaja estratégica con la que cuenta Irán es la vulnerabilidad política doméstica de Trump, la cual permite a Teherán ejecutar una guerra asimétrica altamente efectiva.
El alza del precio de los hidrocarburos, además de la consecuente inflación, causados por el menor suministro de petróleo a nivel mundial debido al cierre del estrecho de Ormuz por Irán, aumentan significativamente la probabilidad de que el Partido Republicano pierda el control de al menos la Cámara de Representantes, y aun del Senado, en las elecciones de noviembre de este año.
Si en efecto el Partido Demócrata logra recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes, Trump se verá enfrentado a toda clase de investigaciones sobre su administración y, lo más seguro, a un juicio de responsabilidades, aunque no sería condenado en el Senado por que es prácticamente imposible que el Partido Demócrata logre los dos tercios necesarios para condenarlo.
Entre tanto, los objetivos que EEUU quería lograr y esgrimió para justificar la guerra contra Irán, no se han logrado. El régimen que gobierna ese país no ha sido cambiado, puesto todos los líderes liquidados han sido reemplazados con otros dirigentes de la misma tendencia.
El material nuclear de uranio enriquecido con que cuenta Irán, si bien se encuentra enterrado bajo toneladas de escombros, tranquilamente se puede desenterrar y rescatar. Y ese país conserva la capacidad de atacar con misiles y drones a Israel, a bases militares estadounidenses en los países del Golfo Pérsico y a la infraestructura energética de esos países.
El jueves recién pasado, EEUU e Irán han acordado un cese al fuego por dos semanas para ver si pueden llegar a un acuerdo. Sin embargo, las posiciones de uno y otro lado están muy distantes entre sí, por lo cual es muy posible que la guerra continúe, a menos que uno u otro contendiente acepte no lograr sus objetivos más preciados, demostrando así que el costo de la guerra le es demasiado alto.
Entonces la disyuntiva para EEUU en Irán seguiría en pie: retirarse sin lograr sus objetivos estratégicos o profundizar su intervención utilizando tropas para lograrlos sin ninguna seguridad de tener éxito, pero con la probabilidad, si decide hacerlo, de volver una incipiente crisis económica en otra sistémica profunda. Por tanto, es probable que Trump tenga que enfrentarse nuevamente al dilema de TACO o FAFO.
¿Cómo se llegó a una situación en donde las dos opciones que enfrenta EEUU son desastrosas? La respuesta se encuentra en la decisión del primer gobierno de Trump de repudiar el tratado que garantizaba el carácter pacífico del programa nuclear iraní, firmado el 2015, (Plan de Acción Integral Conjunto o JCPoA, por sus siglas en inglés), negociado entre EEUU y las principales potencias mundiales, incluidas China y Rusia, por una parte, e Irán por la otra, para evitar que esta nación pueda construir bombas atómicas en un plazo menor a un año, por lo menos por 15 años.
El autor es economista
