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Nadie en España ha visto 'La Odisea' de Nolan

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29.07.2026

Nadie en España ha visto 'La Odisea' de Nolan

James Cameron y Christopher Nolan deberían apartar sus especuladoras manos de lo que son patrimonios culturales de la humanidad.

Volver a leer la Odisea te hace comprender que si solo pudieras leer un libro en lo que te queda de vida, el de Homero sería uno de los candidatos. A su altura solo está Antígona, la Divina Comedia, el Quijote, Los hermanos Karamazov y pocos más. Odiseo, Ulises para los amigos romanos, es un tipo heroico como Nadie. Y como Nadie, es capaz de ser cualquiera: un señor, un truhán, un destructor de ciudades, un constructor de civilizaciones, amigo de sus amigos, adversario de sus adversarios, pero también, y aquí está su doble faceta de Jano, enemigo de sus amigos. Si hay que cumplir con el deber, será el primero; si hay que cargar contra los muros de una ciudad imposible de tomar, será el primero; si hay que celebrar y beber vino (siempre, dulce), será el primero; si hay que llorar (de dulzura o amargura), será el primero. Pero, ojo, su nobleza no es burguesa, sino aristocrática en tiempos arcaicos, antes de que Sócrates y Platón (que detestaba a Homero) impusieran un código moral que defendía que es mejor padecer injusticia a cometerla. Nada más alejado del espíritu alegre en la ferocidad y la atrocidad de los dioses paganos –Apolo, el dios del Logos, mataba con su arco a distancia– y del humano más parecido a ellos, Odiseo, por su inteligencia y su voluntad de aventura.

Capaz de lo mejor, pero también, según la sensibilidad burguesa actual, de lo peor, hay que imaginárselo como si fuese un vizconde de Valmont en Las amistades peligrosas, capaz de apuñalar por la espalda (que le pregunten a Palamedes) a sus aliados, pero también de derramar más lágrimas que gotas tiene el Mediterráneo por los amigos muertos. Nadie en toda la historia de la literatura ha llorado más que Ulises, de alegría y de dolor, y tampoco nadie ha bebido tanto vino dulce agitado, no mezclado, con miel (James Bond podría ser otra referencia, pero el mujeriego y sarcástico de Sean Connery, no el matrimonial y estreñido de Daniel Craig). Cruce entre Conan el Bárbaro y Prometeo el Astuto, los dioses lo amaban porque era el más parecido a ellos: aventurero y peligroso, león y zorro, a veces comadreja, siempre maquiavélico –príncipe de la fuerza, rey del engaño–, de vez en cuando derrotado, nunca vencido.

Nadie en España, y casi nadie en el resto del mundo, ha visto la Odisea de Nolan. Y es que, filmada en IMAX, apenas hay salas en el mundo preparadas para proyectarla en IMAX 70 mm completo, por lo que se ha de proyectar necesariamente recortada. Es decir, no como fue concebida, sino en una versión empobrecida de ella. La mayoría del público hemos recibido una experiencia visual capada, que hace que buena parte de las secuencias se muestren asfixiadas, algunas de ellas directamente ininteligibles (véase la secuencia con Odiseo, Circe y el pájaro).

No se trata de una diferencia menor ni de un capricho de cinéfilos puristas, valga el pleonasmo. Cuando una película ha sido rodada para aprovechar un encuadre excepcionalmente amplio o alto, el recorte no solo reduce la cantidad de imagen, sino que altera la dramaturgia del plano,........

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