De la A a la tumba
El Rosco nos inoculaba el mensaje subliminal de que la fortuna es una rueda. La nueva versión nos sugiere una riqueza sin futuro, sin razón de ser.
Pues resulta que ya no hay Rosco en Pasapalabra. El gran aliciente del programa, el hito fundamental por el que valía la pena hasta comerse los jueguitos que lo precedían, el enorme y redondo plato principal que sustentaba nuestras tardes —casi noches—, se ha hecho añicos delante de nuestras narices y ha esparcido sus 27 letras, como trocitos de porcelana, en una hilera que nadie sabe adónde conduce. Como es natural, la gente está desorientada. Pero esto no se debe tanto a la abrupta metamorfosis que acaba de sufrir nuestra rutina como a otro cambio más sutil y más profundo. Un cambio de carácter........
