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El discurso de Rubio y el futuro de la política exterior de E.U.

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17.02.2026

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El pasado 14 de febrero, durante la Conferencia de Seguridad de Munich, Marco Rubio pronunció un discurso que causó una nueva conmoción en la opinión pública de la prensa occidental. Es un indicio interesante que la base de las discusiones recientes sobre política internacional sean tres discursos pronunciados en el curso del último año. El primero lo dio J.D. Vance el año pasado, también en la conferencia de Munich. El segundo, Mark Carney, primer ministro canadiense, en enero pasado en el Foro Económico Mundial de Davos. El tercero y más reciente es el de Rubio.

El discurso del vicepresidente Vance escandalizó a los europeos cuando habló de amenazas existenciales a su “civilización” y dio un apenas encubierto respaldo a los partidos de la extrema derecha. Carney, por su parte, se convirtió en el héroe de los nostálgicos del orden liberal desfalleciente, quienes se identificaron con su crítica del trumpismo y sus adláteres europeos, pero prefirieron ignorar la imprecisión de su  ruta alternativa.

Este fin de semana, aquellos urgidos de consuelo por el deterioro, si no ruptura de la alianza atlántica, quieren ver en Rubio el puente de reconciliación entre Europa y Estados Unidos. Marco Rubio, igual que Vance, repitió la palabra “civilización” en doce ocasiones para un discurso de 20 minutos de duración. Hago aquí el análisis de sus implicaciones, pues me parece que la retórica de Rubio llenará la imaginación conceptual en la política estadounidense en el futuro cercano.

El contenido racial de la “civilización”

Hay un eco de supremacismo racial en el uso que hace el trumpismo de la palabra civilización. Rubio equipara la civilización con la cooperación entre los países europeos y Estados Unidos, la reduce a un asunto de los pueblos de raza blanca. Estados Unidos tiene raíces, dice Rubio, en Inglaterra, Escocia, Irlanda, Francia, Italia, Alemania, Holanda y hasta, ya por no dejar, España. Los africanos no son parte de esta visión de Occidente, por más que un porcentaje altísimo de la población de ese país a lo largo de su historia haya sido de color. Olvidemos a Rosa Parks, Martin Luther King Jr. o Maya Angelou: la herencia afroamericana no existe en el discurso de Rubio, ni como referencia indirecta. “Estados Unidos es hijo de Europa”, presumió, como si en Europa no hubiera también una herencia africana que se remonta siglos atrás.

Rubio apela también a los impulsos supremacistas de los partidos de la extrema derecha europea, al mencionar las raíces cristianas de los fundadores de América –como siempre, equivalente a Estados Unidos y no al continente–. Hace un........

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