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El idioma analítico de Cosío Villegas

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04.03.2026

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El historiador mexicano Daniel Cosío Villegas (1898-1976) perteneció a una brillante generación de humanistas latinoamericanos que emprendieron la profesionalización de la historia y las ciencias sociales a mediados del siglo XX, sin provenir ellos mismos de un campo académico especializado. Fue aquella una generación transicional, formada por intelectuales como José Luis Romero en Argentina, Sérgio Buarque de Holanda en Brasil o Leví Marrero en Cuba, que llegaron al campo académico con un estilo de escritura endeudado con la gran tradición ensayística latinoamericana.

La prosa de Cosío Villegas fue siempre ensayística: tanto en sus estudios históricos como en sus ensayos políticos. No se trataba de un ensayismo literario como el de Alfonso Reyes o Pedro Henríquez Ureña o filosófico como el de José Vasconcelos o Antonio Caso. Pero sí de un ensayismo que, a pesar de estar familiarizado con el lenguaje experto de la economía y la administración, la sociología y el derecho, construía los textos a partir de recursos literarios, tomados, sobre todo, de la narrativa.

A partir de la experiencia de Buarque de Holanda, el historiador y diplomático brasilero Luiz Feldman ha explorado el dilema de la renuncia al ensayo en el arranque de la profesionalización académica a mediados del siglo XX. Si en los primeros textos de Cosío Villegas, sobre cuestiones arancelarias, monetarias y sociológicas, ya se reflejaba aquel dilema, a partir de sus ensayos políticos fundamentales de los años cuarenta y, sobre todo, sus estudios históricos académicos, con la edición de los primeros volúmenes de la Historia moderna en los años cincuenta, la apuesta por una escritura a medio camino entre lo analítico y lo literario será evidente.

El volumen sobre la “vida política” –concepto que habría que repensar con mayor cuidado– de la República Restaurada adoptaba desde sus primeras páginas una composición teatral. Primero se describía la “escena” de la restauración republicana, tras el fusilamiento de Maximiliano en el Cerro de las Campanas y la entrada triunfal de Benito Juárez a la Ciudad de México el 15 de julio de 1867. Luego la “coreografía” o la danza de un México que, sin enemigos externos, debía reconstruirse políticamente a partir del legado liberal de las Leyes de Reforma y la Constitución de 1857. Finalmente, el “bailete” que montaban los propios coreógrafos del liberalismo mexicano.

Con evidentes juegos poéticos, Cosío Villegas llamaba “primera tormenta” a la crisis postelectoral de 1871 y la revuelta antijuarista del Plan de la Noria de Porfirio Díaz. Intentaba captar el reemplazo de militares por civiles y la reorientación del gasto de defensa en el presupuesto federal, en favor de la educación y las comunicaciones, con la frase “encógese........

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