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Carlo Ginzburg (1939-2026)

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04.08.2026

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Un molinero, no un rey ni un emperador. Cuando en 1976 se publicó El queso y los gusanos en la editorial Einaudi fue como un golpe de gong, que resonó en los oídos aletargados de muchos. Domenico Scandella, mejor conocido como Menocchio, condenado a muerte por la Inquisición, era el protagonista del libro, un molinero con una concepción del mundo y de su maravillosa y caótica creación considerada heterodoxa y, por lo mismo, herética. Es verdad que Carlo Ginzburg ya había publicado otro libro sobre los acontecimientos heréticos extraídos de los archivos del Friul, Los benandanti de 1966, con sus historias de campesinos que vivieron entre el siglo xvi y el xvii. Nacidos “con la camisa”, envueltos en el saco amniótico, aseguraban que volaban armados con mazos de hinojo en contra de los hechiceros enemigos para proteger la abundancia de sus cosechas.

Carlo Ginzburg, como ha relatado en múltiples ocasiones, había decidido convertirse en un historiador en 1959 en Pisa, mientras estudiaba en la Escuela Normal Superior, y ocuparse de los juicios por brujería, una decisión nacida de un bagaje de lecturas como los Cuadernos de la cárcel de Gramsci, Cristo se detuvo en Éboli de Carlo Levi o El mundo mágico de Ernesto de Martino, todos ellos libros surgidos y publicados en ese crisol cultural y literario que fue la Einaudi de la segunda posguerra. Con años de distancia, Paolo Fossati, historiador del arte, le había dicho a Carlo que era obvio que él, judío, se dedicaría al estudio de los herejes. Una obviedad que dejó atónito al joven historiador, pero que de golpe lo puso en contacto con los años de la guerra, durante los cuales había estado escondido con sus hermanos y su madre, Natalia........

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