Casa Rorty LX : Del liberalismo y sus escépticos en la hora crítica de Occidente
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Ha pasado estos días por España el filósofo político John Gray, a quien los medios han presentado como una suerte de lúcido pesimista cuyas advertencias sobre la fragilidad del orden liberal tras el colapso soviético fueron desatendidas –soberbia de élites– justo antes de verse confirmadas con la oleada populista todavía en curso; la que empieza con la victoria de Donald Trump en 2016 y culmina de momento en el discurso de Mark Carney en Davos sobre el fin del orden internacional que fuera diseñado en la segunda posguerra mundial. Invitado por Fernando Vallespín a impartir una conferencia en la Fundación Juan March de Madrid, donde el académico madrileño coordina un ciclo sobre los cambios geopolíticos en curso, Gray fue entrevistado por Ángel Villarino en El Confidencial y dejó un artículo en el suplemento de ideas que El País saca los domingos. Y si en el curso de la entrevista señala que vivimos en una era “post-Fukuyama”en la que ha retornado una Historia “normal” donde se suceden regímenes políticos de distinto tipo, en el artículo se explaya al respecto:
Los regímenes van y vienen. Los cambios actuales coinciden con un momento de avances tecnológicos cada vez más rápidos. Desde finales del siglo XVIII, los visionarios progresistas han pensado que la tecnología era una fuerza unificadora. (…) Sin embargo, la historia no revela ninguna lógica de este tipo, sino, en todo caso, lo contrario.
Los regímenes van y vienen. Los cambios actuales coinciden con un momento de avances tecnológicos cada vez más rápidos. Desde finales del siglo XVIII, los visionarios progresistas han pensado que la tecnología era una fuerza unificadora. (…) Sin embargo, la historia no revela ninguna lógica de este tipo, sino, en todo caso, lo contrario.
Por eso China nunca tuvo intención de democratizarse y la Unión Europea –a la que Gray considera el último sistema “neoliberal”que queda en el mundo tras las desfiguración trumpista de los Estados Unidos– fue víctima de un autoengaño monumental cuando contempló la incorporación de una Turquía democrática y liberal. Y es que la propia UE sería un “proyecto Fukuyama” pensado para un mundo pacífico de orientación cosmopolita que sencillamente ya no existe o está dejando de hacerlo. Sostiene Gray que no estamos viviendo el fin de la historia, sino el fin del liberalismo; cuando los norteamericanos dejan de ser liberales y los chinos cobran fuerza de la mano de un presidente de ambiciones imperiales, solo Europa se empeña en mantener viva la herencia ilustrada y ni siquiera está segura de cómo hacerlo.
A su juicio, la Guerra Fría enfrentó a dos proyectos de Ilustración: mientras que los soviéticos eran hiperracionalistas que perseguían la emancipación humana a través de una dictadura filantrópica, los liberales son más bien escépticos que desconfían del poder y otorgan un papel prominente a los órdenes espontáneos como herramientas para la autorrealización personal y la generación de confort material. Superado ya el primer tercio del siglo XXI, la Ilustración queda lejos: el mundo se reorganiza en torno a bloques de poder y el ideal cosmopolita se disuelve en un lujo romántico para minorías privilegiadas. Gray es terminante: “No habrá ningún orden global similar a los que existieron o se imaginaron”. Irónicamente, Trump está dando a “la izquierda hiperprogresista”lo que siempre ambicionó: la deconstrucción de Occidente. ¡Casi nada!
En cuanto a las soluciones, Gray no ha hablado de ellas durante su estancia en nuestro país. No obstante, su posición aparece delineada en Las dos caras del liberalismo (Página Indómita, 2021), donde aboga por un “liberalismo hobbesiano”de producción propia que se aleja de Locke tanto como de Rawls. En consonancia con su pensamiento, Gray rechaza que el liberalismo sea el destino inevitable de la humanidad: no hay un consenso racional sobre la mejor forma de vida, las distintas culturas tienen valores legítimos que chocan entre sí, el liberalismo es una forma de vida particular nacida en Occidente que no debemos esforzarnos por implantar en ninguna parte. Y no se trata de buscar una sociedad “justa”, sostiene Gray, sino una “pacífica”en la que el Estado provea de seguridad en vez de fomentar la autonomía personal y donde buscamos un modus vivendi porque queremos evitar la guerra civil y somos conscientes –Gray recurre a Berlin– de que muchos valores son incompatibles entre sí y no pueden maximizarse al mismo tiempo. Este “liberalismo sin esperanza” renuncia a cualquier teleología universalista y se conforma con asegurar la paz civil a través del aseguramiento de “mínimos de bienestar”, la priorización del orden público y la mediación entre grupos con valores irreconciliables.
Neoliberalismo rawlsiano
Pues bien, ha querido la casualidad que otro renombrado crítico anglosajón del liberalismo haya salido estos días a la palestra: el septuagenario Michael Sandel, filósofo político vinculado a la Universidad de Harvard, fue entrevistado por el periodista Martin Sandbu en las páginas del Financial Times con motivo de la concesión al primero del Premio Berggruen, descrito como “una suerte de Nobel para filósofos públicos”. Sandbu, quien fuese alumno de Sandel en Harvard, recuerda haber llegado al campus de Massachussetts en 1998 con la sensación de que la historia había terminado gracias al triunfo global del capitalismo liberal. No tan rápido: allí estaba Sandel para responder que el liberalismo dominante no prestaba suficiente atención al papel de las comunidades como marco para nuestra autorrealización como ciudadanos capaces de autogobernarse, así como para cuestionar los resultados de la meritocracia y recordarnos que confiar en los mercados como criterio de organización de “todas las áreas de la vida social” socavaría el significado de nuestras prácticas sociales.
Para Sanbdu, el ascenso del populismo ha dado la razón a Sandel y de ahí que se animase a retomar el contacto con su viejo profesor: al igual que sucede con Gray, Sandel es descrito como una Casandra avant la lettre. Y el periodista empieza recordando que Sandel se opuso al igualitarismo liberal defendido por John Rawls en Una teoría de la justicia, muy influyente obra de 1974 donde el filósofo norteamericano –también un........
