Fuera del horno: nuestra violencia vista desde fuera
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Durante años, he escrito sobre la violencia en México con la convicción de quien cree tener un mapa más o menos claro del desastre. Más de una vez he señalado la responsabilidad directa de Andrés Manuel López Obrador en la debacle: su política de “abrazos, no balazos” no fue una estrategia ingenua, sino una renuncia con efectos devastadores. Fue él quien, ante el horror, ofreció simplificaciones insultantes, como la de acusar a los criminales con sus “mamás y sus abuelas”, vaciando de contenido cualquier posibilidad de política de seguridad seria.
Durante su gobierno, los cárteles no solo se mantuvieron, sino que se fortalecieron, ganando territorio, poder político y una capacidad de fuego que les permitió, como vimos el 22 de febrero pasado, paralizar el centro y occidente del país con 252 bloqueos en respuesta a la muerte del jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Y mientras las fosas clandestinas se multiplicaban y las cifras de homicidios dolosos, feminicidios y desaparecidos se elevaban a niveles nunca vistos en un siglo, el presidente a menudo optaba por el desdén o por la risa ante las matanzas que ocurrían en el país (“Ahí están las masacres, je, je, je”), una imagen que quedó como muestra de su insensibilidad ante el dolor de las víctimas y sus familias.
Algunas conversaciones me hicieron preguntarme si tanto sumergirme en el diagnóstico, mi propia cercanía al problema, el hecho de respirar el mismo aire enrarecido de este país, no habrían terminado por deformar mi perspectiva. Tal vez una suerte de ceguera o miopía me impedía ver dimensiones del fenómeno que otros, desde la distancia, podrían captar con mayor nitidez. Porque cuando se vive dentro del horno, es difícil saber con certeza si lo que se siente es el calor real o la propia fiebre.
Di un paso al costado y convoqué a dos voces extranjeras, dos observadores profesionales que han seguido a México desde la lejanía geográfica pero con la cercanía de quien estudia el dolor humano como oficio. Les pedí que me contaran qué ven cuando miran hacia acá; que me ayudaran a distinguir lo que yo, quizás, ya no puedo: los contornos reales del monstruo.
Thaís Armengol, periodista especializada en crimen organizado, desapariciones y violencia estructural en América Latina, observa México con la mezcla de fascinación y desasosiego que produce un país donde la violencia no es un episodio, sino un lenguaje. Desde España, dice, la imagen de México llega filtrada por los productos mediáticos: series, documentales, crónicas que convierten lo relacionado con el........
