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David Bowie: lo fugitivo permanece

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09.01.2026

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Como un creador que en su obra abordó temas vinculados a la desaparición y la transformación física, con alusiones al renacimiento espiritual y a diversas perspectivas místicas, no sorprende que la vida después de la muerte de David Bowie, en esta década que se cumple el 10 de enero, haya sido tan prolífica como si aún estuviera vivo, ni que la frágil llama de su creatividad, lejos de extinguirse, continúe alumbrándonos.

La circunstancia de que su 25º disco, Blackstar (2016), se publicara dos días antes de su fallecimiento propició una lectura sentimental de sus letras y videos promocionales. Asombrosamente, dado el sistema de máscaras que sustenta la trayectoria del camaleónico inglés –entre otros, el glam Ziggy Stardust (1971-1973), Halloween Jack (1974), el Thin White Duke (1976), y sus exploraciones con Brian Eno y la banda Tin Machine (1989-1992)–, críticos y profanos asumieron que las referencias a la enfermedad, la agonía y la resurrección de la homónima “Blackstar” y “Lazarus” eran autobiográficas y destilaban la angustia y la desolación frente a la inminente desaparición e incluso se refirieron al álbum como un autobituario –prefiero el más elegante término “automoribundia” de Ramón Gómez de la Serna: “Saber lo que es ser muerto entre los vivos o, lo que es lo mismo, ser vivo entre los muertos”.

Sin importar que los versos remitieran a personajes creados ex profeso para esta etapa final –Lazarus, cuyo antecedente procede de “Cactus”, canción de Heathen–; que habían signado fases creativas previas –Newton de El hombre que cayó en la tierra, película de Nicolas Roeg que fue la primera protagonizada por el cantante, cuyo destino se aborda en el musical Lazarus (2015), y el Mayor Tom, el personaje más constante y querido por el músico–, o que la escritura o filmación de los videos antecediera a la noticia de que el cáncer era incurable, ese sesgo y el duelo global impulsaron la recepción del disco final. Encabezó las listas de ventas en el Reino Unido y E.U. y algunos antiguos álbumes de Bowie reingresaron al Billboard 200 de ambos países. En su patria, Blackstar fue reemplazado como número uno por Best of Bowie (2002), con lo que él se convirtió en el segundo artista que se relevaba a sí mismo en la cúspide –el primero fue Michael Jackson, en 2009, cuando murió–. Además, ese 2016 fue el artista que vendió más discos de vinilo y póstumamente obtuvo tres premios Grammy en 2017 y el premio a Álbum del Año en los Brit Awards. Lázaro o el Cid Campeador, Bowie continuó lidiando y venciendo en las justas comerciales y mediáticas, al menos durante sus primeros meses de desaparición. Incluso en las plataformas de........

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