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Estrategia en el abismo

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28.04.2026

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Hay libros que se leen y hay otros que se convierten en lentes. El nuevo libro de Jim Collins, What to make of a life: Cliffs, fog, fire and the self-knowledge imperative, pertenece a la segunda categoría. En apariencia, es una reflexión sobre trayectorias individuales: cómo las personas enfrentan momentos de ruptura, atraviesan la incertidumbre y, eventualmente, reconstruyen el sentido de su vida. Pero conforme se avanza en la lectura resulta difícil ignorar una intuición más amplia: Collins no está escribiendo solo sobre individuos. Está describiendo patrones universales de comportamiento ante el colapso de certezas.

Y entonces la analogía se vuelve inevitable. No pensé ya en vidas individuales. Pensé en organizaciones; en particular, en las organizaciones empresariales mexicanas. Porque lo que Collins describe –los acantilados, la niebla y el fuego– no es una metáfora psicológica. Es una secuencia estructural. Y pocas veces esa secuencia ha sido tan visible como hoy en el entorno empresarial de México. Las organizaciones empresariales han llegado a su acantilado. Están atravesando la niebla. Y ahora deben decidir si son capaces de reencontrar su fuego.

El acantilado: cuando la continuidad se rompe

Durante décadas, las organizaciones empresariales en México operaron bajo un conjunto de supuestos relativamente estables: apertura comercial progresiva, integración con América del Norte, reglas del juego suficientemente previsibles y una relación con el Estado que, aunque imperfecta, era inteligible.

Ese entorno permitía algo fundamental: continuidad estratégica. Las organizaciones podían planear a largo plazo, construir capacidades, escalar modelos de negocio. Podían equivocarse, pero dentro de un marco comprensible. Ese entorno ya no existe.

A partir de 2018, México no experimentó simplemente un cambio de gobierno: fue una redefinición del papel del Estado, de los equilibrios institucionales y de los incentivos que estructuran la actividad económica. Para muchas organizaciones, más que una transición se trató de una ruptura. Reglas que parecían permanentes se volvieron contingentes. Instituciones que generaban certidumbre se debilitaron o se transformaron. Narrativas que legitimaban la inversión privada cambiaron de tono.

Ese es el acantilado. No necesariamente una caída inmediata, sino algo más inquietante: la pérdida de continuidad. Y frente a él, muchas organizaciones han reaccionado de la forma más peligrosa........

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