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Una década con/sin David Bowie

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09.01.2026

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Recuérdame

Para Diego y Jime, que cantan “Space Oddity” conmigo.

No creo ser el único: recuerdo momentos de mi vida y los asocio con eras de David Bowie. Veo nevar por primera vez, en Nueva York; es el 9 de enero de 1997. Un día antes Bowie había cumplido 50 años y esa noche celebraba en el Madison Square Garden con una pléyade de estrellas, desde Lou Reed y Robert Smith, cantante de The Cure, hasta Sonic Youth y los Foo Fighters. Estoy con dos amigos y sus esposas, en el mosh pit; tengo 33 años. Pudimos ser héroes solo por un día.

Rewind de un cuarto de siglo, a 1975: estoy en el departamento familiar, antes de que los Flores emigraran a la suburbia mexiquense; tengo once años, oigo “Radio hits”. La era de “soul plástico” de Bowie me regala “Young Americans”, con delicioso sax de David Sanborn, y “Golden years”, un año después. Veo al cantante en la tele, en Alta tensión; a mis vecinas, las Villa, les intriga que lo acompañen bailarines (chicos, no chicas).

Fast forward: es 1983 y llevo un año en la universidad; Let’s dance, producido por Nile Rodgers, el bajista de Chic, es trancazo global. Bailamos a Bowie en las fiestas, le hacemos coros: no creemos en el amor moderno. El álbum pierde el Grammy frente a Thriller, de Michael Jackson. Es el cénit de popularidad y éxito comercial para el inglés, su ascenso indiscutible a la notoriedad mainstream.

La aparición de Black tie white noise (1993), su feliz álbum de nupcias con la modelo somalí Iman, me sorprende en Los Ángeles, durante mis estudios de posgrado. Apuntan algunos críticos que se trata de su mejor producción en años. Suscribo (antes de que fuera habitual “suscribir”).

Flashback: la mañana del 10 de enero de 2016 recibo un mensaje por WhatsApp de mi hermana Ale: “Se murió David Bowie.” Lo acompaña un emoticón que derrama una lágrima. Tengo 51 años, corbata al cuello y estoy a punto de irme a trabajar. Apenas dos días antes Bowie había publicado Blackstar, que luego entenderíamos como despedida, obra de rigor y encanto, salida triunfal. Lo escucho en mi trayecto a la oficina. Derramo más lágrimas que un emoticón.

A una década de su desaparición física, resulta relativamente innecesario abogar por la influencia, trascendencia y vigencia de David Robert Jones, quien nació el 8 de enero de 1947, de tal modo que hoy cumpliría........

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