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Costumbre y sabiduría

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04.01.2026

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Recuérdame

En una de sus cartas, el cura y escritor del siglo XVIII, José Francisco de Isla, termina diciendo que dirige sus oraciones “precisamente al único fin de que Dios me dé una buena muerte”. Si esta Nochevieja yo hubiese estado brindando con él, en el momento en que llegan las campanadas y se dan los abrazos y los buenos deseos, me habría costado trabajo decirle: “Querido José Francisco, ojalá este año te mueras bien”. No podría hacerlo aun entendiendo que sus deseos son los de un creyente, que se ajustan al adagio: “Quien bien muere, la mejor tumba tiene; quien muere pecador, tiene la peor”.

Heródoto cuenta en sus historias acerca de Creso, que ostentaba su vida de hombre afortunado, pero en el futuro le esperaba lección sobre el infortunio. De manera breve, Sebastian Brand lo dice en La nave de los necios: “Un necio es quien osa jactarse de que le sonría mucho la fortuna y tiene suerte en todas las cosas: éste espera el rayo sobre el tejado”.

Este Creso pregunta a Solón quién es el hombre más dichoso del mundo; y Solón cuenta la historia de dos hermanos, que “eran a la par campeones atléticos” y un día, a falta de bueyes, se uncen al carro de su madre y la transportan al santuario de Hera. La madre, muy orgullosa, le pide a la diosa que les conceda a sus hijos “el don más........

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