La sardina, el ramadán y la conserva
La evolución de Galicia desde la pesca al comercio pesquero, o desde las World Fishing a las Conxemar, se corresponde con los cambios en la pesca y la industria de alimentos en Europa y el mundo. Y si Europa tiene déficit en su autoabastecimiento pesquero, y su dependencia alcanza casi al 80 % de lo consumido, Galicia y su industria se ajustan a ese patrón.
Por lo tanto, lo que ahora sucede con Marruecos, o antes con Chile y con Ecuador, China o Tailandia y los lomos de atún para las conservas, no deja de ser consecuencia de esa realidad. Por ello, explicar hoy la Galicia mariñeira sin el entronque con los mercados y el trading pesquero internacional tiene mucho de hacernos trampas a nosotros mismos. La Xunta, igual que da cuenta de capturas y/o desembarcos en las lonjas gallegas, haría bien en establecer dos observatorios de singular importancia: uno, con las importaciones y exportaciones de productos pesqueros; y otro, con los destinos segmentados por beneficiarios de los fondos europeos de la pesca. Ambos son de mayor dificultad después de la rara reforma del Instituto Galego de Estadística y su dependencia directa de la Presidencia de la Xunta. Un indicio.
Un reciente análisis para el Comité de Pesquerías del Parlamento Europeo analiza el impacto de importaciones de productos del mar en la autosuficiencia alimentaria. Estos impactos, en el caso del mejillón y la sardina, merecen atención por su relación —junto con los túnidos— con la industria conservera. Una industria sostenida en la importación de productos de terceros países, más o menos libres de aranceles. Una industria conservera inquieta ahora por su dependencia de la sardina marroquí, ya analizada en estos Codex, y su suministro actual sometido a restricciones.
Restricciones derivadas de una crisis en las poblaciones de sardinas y un paro biológico de dos meses (enero y febrero), a lo que se añade el proteccionismo con la industria marroquí, donde sin duda hay capital de aquí. Restricciones que provocan la prohibición de exportación de sardina congelada, capital para la conserva española, con objeto de no encarecer un producto de gran demanda en el mercado interno durante el ramadán. Por ello, para evitar su escasez y carestía, el Gobierno redujo el paro biológico establecido en quince días y prohibió las exportaciones de sardina congelada. Esta regulación asociada a costumbres religiosas y su relación con alimentos tradicionales ya llevó al rey de Marruecos a exhortar, en el 2025, a la cancelación de la Fiesta del Cordero, el sacrificio de Abraham, debido a la carestía del producto por la escasez de ganado y su repercusión en las economías familiares.
Estas incidencias religiosas señalan la dependencia de la industria conservera y de nuestro mercado pesquero de productos foráneos, por más que a ello se sumen crisis climáticas con incidencia en las poblaciones marinas, y efectos derivados de una sobreexplotación pesquera. Y así va el mundo, con o sin aranceles, y nosotros en él.
