Los idus de marzo
Shakespeare fue rotundo al advertir en su obra de teatro Julio Cesar que nos cuidáramos de los idus de marzo. La misma advertencia que hizo un vidente al emperador cuando se dirigía al Senado romano y riéndose de la profecía gritó al que había anunciado su muerte que los idus ya habían llegado. Le contestó que todavía no había acabado el día. Aquella mañana se cumplió el presagio y Julio Cesar fue asesinado. Los idus que eran fiestas jubilosas en torno al día 15, son desde entonces malos presagios.
Los mismos que pese a las reiteradas advertencias del emperador Trump y de su socio judío Netanyahu efectuaron antes de declarar la guerra al Irán de los ayatolás y a su fanática y medieval teocracia. Los idus han llegado con su orgía de sangre y terror, con su festín de muerte y la lectura tecnológica de la nueva forma de entender la guerra basada en técnicas más sofisticadas y utilizando la inteligencia artificial para fijar objetivos más allá de los drones y los misiles.
Los idus de marzo nos amenazan a toda la humanidad. Somos víctimas de un conflicto armado que en principio nos resultaba ajeno. La sangre se mezcló con el petróleo y las refinerías del golfo, y la piel de las grandes reservas de Irán fue parcialmente destruida lo que supone un notable incremento del precio de los crudos, especialmente en Europa sensible al aumento de carburantes. Solo en la primera semana de la guerra el precio del combustible para llenar el depósito de un camión significó una subida de trescientos cincuenta euros.
La extrema sensibilidad de los mercados, las bolsas asiáticas y europeas con Wall Street a la cabeza se deslizan frenéticamente a la baja, mientras el estrecho de Ormuz permanece bloqueado con cientos de barcos de transporte paralizados.
Mientras dure la escalada bélica realizar un catalogo de daños colaterales supone un ejercicio de inventarios todavía precipitados.
Sufrimos las consecuencias de los idus de marzo. La sangría del dolor golpea a esa parte del mundo donde se reproducen dictaduras desafiantes. Mientras, parece que nos hemos olvidado de Ucrania, más golpeada que nunca por el invasor ruso. Alcanzar una solución para Ucrania ya no es una cuestión prioritaria. Ya no aparece cada día en los informativos de la televisión.
El ser humano no tiene remedio, prevalece la maldad por encima de todas las cosas y escribimos la historia desde su origen hasta hoy a sangre y fuego.
Que Dios nos libre de los idus de marzo.
