El poder trastorna
No hace falta ser psiquiatra para comprobar que distintos líderes políticos muestran en sus comportamientos síntomas de trastorno de personalidad, que se agudizan en las campañas electorales. No se trata stricto sensu de esa enfermedad mental cuyos pacientes merecen más atención, sino de que ciertos trastornos de su personalidad repercutan en la polarización extrema de la vida pública y en la desafección del pueblo por la política.
Un político con personalidad narcisista se considera superior, único e imprescindible. Manipula para conseguir sus fines. Niega las........
