¿Hay que prohibir la IA?
Desde hace algún tiempo existe una tendencia a considerar peligrosas las nuevas tecnologías. Mucha gente cree que se ha ido demasiado lejos y que el mundo debería frenar su adopción, incluida la inteligencia artificial. Tuve la oportunidad de hablar sobre este tema con dos ejecutivos de Acer (fabricante taiwanés de ordenadores), Cristina Pez, directora de Educación y Márketing B2B, y Massimiliano Rossi, vicepresidente de Producto, para Europa, Oriente Medio y África. «La cuestión es cómo se usa la tecnología. En nuestro entorno laboral, la oficina, escuelas, etcétera, no veo por qué debería ser peligrosa», explica Pez. Y añade: «Siempre intentamos transmitir el mensaje de que la IA es solo una herramienta, un apoyo, y no un sustituto». Reconoce que avanza muy rápido (muy no tiene por qué significar demasiado), pero su mensaje es que es mejor simplemente establecer los límites.
Uno de los ejemplos que se suelen argumentar en este debate es el caso de países como Suecia, que han decidido volver a la educación basada en libros de texto y limitar el uso de ordenadores en las escuelas. Massimiliano Rossi pone el modelo contrario: «En Estonia, en agosto pasado, otorgaron licencias de IA a todo el profesorado. Imparten un programa intensivo de formación y después brindan apoyo a los docentes. Y tras unos meses, en enero dieron licencias de IA a todos los estudiantes de bachillerato, tanto públicos como privados, unos 30.000». ¿Por qué lo hicieron? Porque vieron que los estudiantes ya la estaban usando. Y según explicó la ministra de Educación, «no queríamos perder a nuestros hijos y debíamos proteger su capacidad metacognitiva [la habilidad de autorregular el propio aprendizaje y pensamiento]». Rossi explica que «no estamos a favor de las prohibiciones, también porque a los estudiantes no les gustan. Dicen: ¿prefieren que lo hagamos nosotros mismos de forma incorrecta o que lo hagamos en el aula de forma correcta?».
Y así llegamos a la cuestión de las redes sociales y su prohibición a menores de 16 años en Australia, España… Cristina Pez pone el foco en el anonimato: «Lo crucial es la identidad. Reconocer que quien está detrás del nombre es una persona, y realmente la persona con la que esperas hablar». Establecer unas reglas, pero no «prohibir por prohibir. Eso significa que no has sido capaz de gestionarlo».
