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La literatura y los aeropuertos

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La argentina Samanta Schweblin y el Ministerio de Hacienda ganan ex aequo el primer Premio Aena de literatura por la obra El buen mal, que está dotado con un millón de euros: la mitad para cada uno.

Hasta ahora Aena —mayoritariamente participada por el estado, es decir, por usted y por mí— era famosa por gestionar los aeropuertos españoles. Pero ha decidido pisarles el terreno a los grandes grupos editoriales y dedicarse, como ellos, a la hostelería. A tal fin organizó un banquete para quinientas personas en Barcelona, en el que quien no estaba no era nadie. Yo no soy nadie. Pero me cuentan los que sí son alguien que la cena fue elegante y los nominados al premio, escritores, lo cual no es decir poco en un país en que los premios de novela los ganan los famosos de la televisión, que tienen la escritura como afición para su tiempo libre. Escritores muy malos para lectores muy comprensivos.

Los de aquí, en cambio, eran Vila-Matas, Giralt Torrente, Abad Faciolince, Nona Fernández y la ganadora. Dos españoles, un colombiano, una chilena y una argentina. Tres hombres y dos mujeres. La ganadora es mujer y es argentina, y, me han dicho, una magnífica escritora de cuentos.

Eso ustedes tal vez no lo sepan, pero el de los cuentos es un género que hay que proteger. Los finalistas recibirán treinta mil euros de consolación, que cubren ampliamente los clínex del disgusto, y sus obras un fuerte apoyo. Y, entre tanto, las Loterías y Apuestas del Estado ven alarmadas cómo Aena invade su territorio.


© La Voz de Galicia