Aunque el miedo nos persiga… ¡que nadie suelte la mano!
Por Mariano Palazzo, Julio 2026
Aguanta amor ¡Aguanta! allí donde se necesite la esperanza vuelve a empezar ¡no estás solo! Yo te espero ¡aquí estoy!
https://www.youtube.com/watch?v=LS3yh76PYDU
Hay dolores tan profundos que parecen enmudecer la tierra, tragedias que despojan el paisaje y amenazan con quebrar el espíritu, pero es precisamente en el epicentro de la sombra donde la verdadera naturaleza humana emerge con su fuerza más pura. Esta canción no nace como un simple ejercicio creativo ni para servir de adorno; nace como un rastro de luz en mitad del polvo, un puente sonoro construido para abrazar a quienes hoy sostienen una espera desgarradora y para honrar a los valientes que no descansan en las labores de rescate. La fe, en estas horas críticas, no es la ausencia de miedo ni una postura pasiva; es la fuerza terca que nos hace golpear la piedra esperando una respuesta, la certeza absoluta de que ninguna vida puede quedar en el olvido. La reconstrucción de la esperanza empieza por el rechazo rotundo a dejar a alguien solo, entendiendo que la solidaridad no es un acto aislado, sino el lazo que nos mantiene unidos cuando el suelo se quiebra. Estas notas son un tributo a la resistencia colectiva, un ruego hecho música que viaja hacia el subsuelo y se convierte en la promesa comunitaria de que, si una voz llama en la oscuridad, el mundo entero se movilizará para ir a su encuentro. “Aguanta, amor, aguanta” / Patricia Aloy.
Las 18:04:33, hora legal de Venezuela, del 24 de junio up, quedará registrada en la historia venezolana y mundial por los inéditos eventos sísmicos que sacudieron, uno tras otro, y con un muy corto lapso de tiempo (39 segundos), entre el primero de 7.2 y el segundo terremoto de 7.5, siendo hasta ahora el único caso registrado en Latinoamérica con estas características; así como las más de mil réplicas (al momento de escribir este artículo), de mayor y menor grado, que se subsiguieron en los días posteriores y que afectaron la región centro-norte costera del país con epicentro en las ciudades de Yumare, estado Yaracuy y Montalbán, estado Carabobo, donde ocurrieron importantes colapsos estructurales, siendo además significativamente más afectados, que incluyeron víctimas fatales, los estados Falcón y Aragua (con un edificio derrumbado completamente en cada uno), pero aún peor en el estado Miranda (con 3 edificios completamente colapsados) y Distrito Capital (con 5), pero sobre todo en el estado La Guaira (antiguo estado Vargas) donde la devastación fue casi total en algunos sectores como: Catia La Mar, Macuto, Caraballeda, Los Corales, Tanaguarena, entre muchos otros, derrumbándose completamente al menos 180 edificios.
Imágenes dantescas, dramáticas historias, pánico absoluto y desbordado fue lo que vivimos y experimentamos. Personalmente nunca había entrado en un tal estado emocional de temor, de extravío, de sensación de vacío, y no fue por la agitación misma del temblor, porque en realidad ya varias veces a lo largo de mi vida había vivido esa sacudida de impotencia cuando la tierra tiembla. Pero algo ese miércoles sucedió dentro de mí, en el mismo momento que todo se jamaqueaba sentía que dentro de mi alma, en el momento mismo que el edificio trepidaba, algo en mi ser se resquebrajaba, en un in crescendo que subió como la espuma, llegando a experimentar pánico cuando todo intento de contactar a mi esposa y mi progenitora resultaba infructuoso… y el desespero por salir corriendo, el de tener conocimiento, se apoderó de todo mi cuerpo… en el trayecto otras cosas pasaron que acrecentaron mi estado…
Por supuesto, luego del primer momento y habiéndome reencontrado con mis familiares, supuestamente más sosegado y tratando de entender algo, me sumerjo a revisar las redes para estar informado, o desinformado según se quiera ver, lo cierto es que eso que arriba al inicio describí se multiplicó por mil, ya que comencé a leer los testimonios de tantas y tantas personas que compartieron mis emociones, pero peor aún los terribles y trágicos testimonios de los que perdieron todo, y no hablo solamente de lo material, que ya es un golpe duro de sobrellevar, sino lo aún más devastador que es perder familiares, amigos y seres queridos en un momento y para siempre; o peor aún el mismo desespero infernal de la esperanzadora búsqueda final por encontrar a quien pudiese con vida aún estar.
Es que, en la medida que pasaban las horas, que se sucedían los días, que llegaban las noticias, el estado de conmoción fue total, y mi ser entró en una completa sensación de sedación, estaba allí, sí, pero actuando casi por inercia, bloqueado para hilvanar con coherencia un plan, sencillamente accionaba casi en automático, apoyaba ante el llamado, respondía si me pedían, hacía presencia física, en lo posible tendiendo una mano, colaborando de alguna manera, bien sea con el Comité de la Sociedad Dante Alighieri y la Casa de Italia de Maracay, con Fillos de Galicia y la Asociación Emilia Romaña de Aragua, con la Voce D’Italia y la RAI Italiana, con la Federación de Asociaciones Ítalo Venezolanas o incluso con los Templarios, tratando de reconstruir un camino, dando un paso a la vez, pero con la mente en modo stand by… siendo testigo sorprendido de lo que veía pero con el alma decidida para ayudar.
Es muy complicado de explicar, difícil de entender; de hecho, aún sigo sin comprender y la sensación de vacío persiste… Con el camino totalmente extraviado y como siempre hago, desde hace ya algunos años, sobre todo después del 750 aniversario de su autor, me refugio buscando respuestas y consuelo en un extraordinario escrito, también bautizado como Poema Sacro que, como si fuera un milagro, logra siempre restablecer el norte de mi brújula existencial para levantarme y volver a transitar por el trayecto que, como siempre e inevitablemente, inicia por el infierno, para subir luego al monte dichoso y, finalmente, volar hasta la luz divina.
Por supuesto lo primero que siempre hago cuando comienzo a leerlo es una catarsis personal, para tratar de sacar de adentro mis demonios y purgar mis dolores, por eso esta vez comienzo por buscar, cuantas veces la palabra MIEDO encuentro, en los 14233 versos que componen la Divina Comedia. Coloco en el buscador el término en italiano: PAURA, arrojándome como información que en las tres cánticas que conforman la obra aparece enunciada directamente la palabra, lo cual me deja un poco sorprendido porque no me imaginaba que también en el paraíso el peregrino experimentase esa sensación.
Queriendo saber más, leo que el diccionario de la lengua española de la Real Academia define el miedo como la pasión del ánimo, que hace huir o rehusar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso. Al revisar esta descripción, y leyendo los tres cantos de la tercera cántica donde aparece la palabra, me doy cuenta de que en uno sólo de ellos corresponde al estado de ánimo que el peregrino estaba experimentando. Es decir, en la triada conformada por los cantos 11, 15 y 26, en los dos primeros la palabra temor se utiliza para describir una situación ajena a Dante, ya que en el onceavo canto el miedo se refiere a la sensación que, sobre el mundo entonces conocido, inspiraba el emperador, y dictador romano, Julio César, mientras que en el quinceavo canto el término forma parte del discurso que el ancestro cruzado de Dante Alighieri, Cacciaguida, hace para describir los tiempos pasados felices de Florencia.
Mientras que en el canto veintiseisavo ¡sí! se describe el propio temor de Dante por haber quedado ciego… pero antes de continuar, quiero resaltar el hecho de que se trata del cielo de las estrellas fijas, el lugar donde nuestro viajero estelar es interpelado acerca de la caridad, por el mismo san Juan, y es para mí muy significativo esto, ya que la catástrofe recién ocurrida en el país sucedió precisamente el día que se estaba celebrando en Venezuela La Noche de San Juan, una festividad cargada de misticismo que fusiona tradiciones religiosas (el nacimiento de San Juan Bautista) con ritos paganos con raíces afrovenezolanas de purificación, ya que marca el solsticio de verano en el hemisferio norte y el de invierno en el sur.
La víspera, es decir la noche del 23 de junio, se realizan velorios donde se le canta al santo hasta el amanecer y se realizan rituales de purificación con agua y fuego, mientras que el 24 de junio, se lleva a cabo una misa solemne para luego salir con el santo en procesión por las calles, donde los bailadores lo reciben con pañuelos de colores al ritmo de los tambores. Los estados de la costa: Aragua, Carabobo, Miranda y La Guaira, se llenan de repiques pronunciando continuamente el lema popular: Si San Juan lo tiene, San Juan te lo........
