La segunda batalla cultural
De todos los poderes que recibió Abelardo de la Espriella el pasado 7 de agosto, parece que su favorito es el cultural. Pese a que lo mencionó como uno más de los cerca de 15 asuntos que tocó en su discurso de posesión, todo lo que ocurrió en el evento tiene una profunda relación con la batalla cultural que el nuevo presidente plantea librar durante estos 4 años.
La idea que algunos tienen frente a que “esto de lo cultural” no es un asunto central del nuevo gobierno, que más bien es algo que recogió en la campaña como una lista de valores ultraconservadores, hoy ya no parece tan cierto. El evento de posesión fue muy diciente en que la batalla está lejos de ser un organigrama de gobierno y un lenguaje militarista, y al contrario, que hay un ejercicio analítico real que plantea, por lo tanto, una disputa directa por los símbolos y las narrativas.
Esta idea no arrancó el viernes, lleva cocinándose desde la campaña y para el 1 de julio la batalla ya había tomado forma de contrarrevolución cultural para garantizar la “reconstrucción de las narrativas y las agendas de la Patria (…) restablecer el orden de las cosas y recuperar el relato que la izquierda radical ha subvertido”. Objetivo que se reafirma con los nombramientos de Vivian Morales en Ministerio de Educación, Paola Holguín como ministra de Cultura, que ya nos dijo que no gobernará “sin Dios y sin la Biblia” en mano, y Enrique Serrano como asesor presidencial encargado de “decisiones propias de la batalla cultural”.
Los invitados, las palabras, los objetos. La virgen en el centro, Milei y Kast en primera fila, tres religiosos dando........
