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La paja en el ojo ajeno

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25.04.2026

Los ataques a La Silla Vacía no son espontáneos ni tampoco inocentes. Son parte de una estrategia calculada para desprestigiar a uno de los medios más reputados e influyentes del país.

El objetivo es minar su activo más importante: la credibilidad. Es la estrategia de enlodar hasta difamar. Si todos nadan en el estercolero, todos comparten la inmundicia por igual.

En este mundo de nivelar por lo bajo, la red de propaganda oficial marca la parada. La captura de los medios públicos por parte del concierto para delinquir que nos gobierna –en palabras de la ex secretaria general de la Presidencia, hasta hace poco la mano derecha del presidente Petro– y la lubricación de poderosas bodegas digitales con dineros públicos resulta inédita.

Con la plata de los colombianos se ha montado una portentosa fábrica de mentiras. Tendría uno que remontarse a las dictaduras de nuestra historia para encontrar algún paralelo. En esto solo las prácticas comunicativas del gobierno militar de Rojas Pinilla y su aparato de propaganda y censura se le pueden asemejar.

Ya no clausurarán periódicos, como lo hicieron a mediados de los años cincuenta del siglo pasado. Ahora basta con desacreditarlos hasta la irrelevancia.

Para esto cuentan con la ayuda del idiotismo útil. Aquí mismo quedó evidenciado hace unas semanas cuando en esta columna se incluyó y luego se eliminó una frase donde se decía que Iván Cepeda era el “Pol Pot del Parkway”. Aunque se trataba de “figuras retóricas o hiperbólicas, propias del lenguaje político”, como diría el propio presidente de la República, los críticos se rasgaron las vestiduras con la comparación. Sugerir que el candidato del continuismo podía tener alguna relación con los lideres genocidas del marxismo les pareció un exceso inaceptable.

Sin embargo, el pecado principal no fue tanto el símil polpotiano –a los pocos días circuló una foto de Cepeda sonriente bajo una foto gigante de Tirofijo en el 22º Congreso del Partido Comunista Colombiano– sino la decisión de los editores de La Silla Vacía y de este columnista de retirar la frase. Palo porque bogas y palo porque no. Lo que confirma que la verdadera intención, además de cancelar al autor, era descalificar al medio.

Un método probado para adelantar las campañas de desprestigio consiste en aplicar el doble rasero. Exigir estándares imposibles de probidad a quienes profesan cierta decencia profesional, como lo hace La Silla Vacía, y tolerar cualquier desmán de los que optaron por el vilipendio. 

La hipocresía de las acusaciones a este columnista quedó evidenciada cuando, en medio de la tormenta que quisieron armar, el presidente Petro llamó “fascistas” a los miembros de la junta directiva del Banco de la República y los acusó de “genocidio”. Confirma la nimiedad de los críticos que la grotesca acusación proferida por el jefe de Estado no parece ameritarles mayores reparos, siendo a todas luces peor que quitar y poner una frase en una columna de opinión.

El megáfono presidencial no lo tiene nadie en Colombia y los tecnócratas del banco central solo estaban cumpliendo su mandato constitucional. Mientras que a Petro le aceptan cualquier improperio, no hemos visto a los críticos indignarse tanto como cuando La Silla Vacía omitió una nota de pie de página en la corrección de una columna. ¿Será que les parece aceptable que el presidente les atribuya a unos respetables funcionarios públicos un crimen contra la humanidad?

Lo que nos lleva al llamado Proyecto Júpiter. Se trata de una iniciativa de la sociedad civil que busca hacer pedagogía democrática financiada con recursos privados. Esto implica interactuar con otras personas y grupos de interés para impulsar las iniciativas políticas sobre las cuales se tiene afinidad. La participación en política es un derecho fundamental de los ciudadanos. Como lo es la libertad de expresión y de asociación. Hacer activismo en época electoral –lo cual implica divulgar ideas, buscar alianzas y realizar actividades participativas– es absolutamente normal en una democracia. Los empresarios de este país están en todo su derecho de impulsar estas iniciativas.

El escándalo manufacturado por la red de medios públicos para satanizar el proyecto se ajusta a la metodología de difamación ya comentada. No hay nada de ilegal ni de inmoral en la iniciativa. Ojalá, inclusive, que se hubiera extendido más. Siete mil millones de pesos es un presupuesto modesto para los objetivos pedagógicos planteados.

Es ridículo que el candidato del continuismo amenace con denuncias penales cuando unos particulares participan en política –para lo cual están en todo su derecho– y guarda silencio con la intromisión poco disimulada del gobierno nacional en su campaña. Esto último es ilegal y puede hasta constituir un delito.

Ya ni siquiera es un secreto a voces que la jefatura de campaña de Cepeda está en la Casa de Nariño. La visita reciente del candidato a conferenciar con Petro durante varias horas no fue precisamente para hablar del clima.

El pantagruélico apetito del gobierno por nuevos recursos fiscales parece tener dos destinos. Uno, aceitar con dinero a los potenciales votantes del continuismo repartiendo contratos, subsidios, tierras y puestos. Los reportes sobre el aumento del gasto burocrático del gobierno central son aterradores. Esos mismos investigadores que cuestionan las actividades del Proyecto Júpiter deberían indagar los desproporcionados contratos con dineros públicos que se han suscrito con oenegés y organizaciones sociales de dudosa factura para impulsar mal disfrazadas causas políticas.  

El otro destino del dinero es el robo puro y duro. El saqueo inmisericorde del erario. Cuando se le pregunta a la exsecretaria general de la Presidencia –quién aún continúa desempeñándose en un alto cargo que le reporta directamente al presidente Petro– por qué no se ha retirado del gobierno responde que no lo hace porque quiere proteger el billón de pesos a su cargo. Si se va, dice la funcionaria, sus jefes se lo roban todito.

Es obvio que los particulares no tienen posibilidad de competir en recursos con los raudales del presupuesto nacional, pero esto no disuade a la máquina de propaganda oficialista para que deje de intimidar y desprestigiar a la prensa independiente y a la sociedad civil opositora.

Para esos que miran la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio la Biblia ofrece la solución: “¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”.


© La Silla Vacía