“Ya no somos adversarios sino enemigos, y el periodismo ha contribuido”
Tina Rosenberg, ganadora del National Book Award (1995) y del Pulitzer (1996) por su libro The Haunted Land: Facing Europe ‘s Ghosts After Communism, estuvo en Medellín esta semana. Viajó para hablar no del libro que la puso en el radar del periodismo gringo hace ya 30 años, ni de Children of Cain, la obra sobre violencia en Latinoamérica que escribió con la beca MacArthur, sino sobre un “periodismo que rechaza el miedo y la polarización”.
Se trata del periodismo de soluciones, un método al que Rosenberg, de 65 años, se ha dedicado en las últimas dos décadas. Lo ha hecho tras fundar la Red de Periodismo de Soluciones, una plataforma que ha publicado más de 17 mil historias bajo este enfoque con 20 mil periodistas de todo el mundo; y desde Fixes, una columna de opinión del New York Times enfocada en buscar respuestas a problemas públicos. La de Rosenberg es una apuesta que pone el foco en la solución de los problemas y no solo en cubrirlos.
La Silla Vacía habló con ella para explorar cómo los medios colombianos pueden hacerle el quite a la polarización en plena campaña presidencial, y entender hasta qué punto la promueven. También para abordar los retos del oficio ante la crisis de la democracia liberal y la posibilidad de que las redacciones, aún seducidas por el clickbait, encuentren nuevas formas de cubrir la política y combatir el fatalismo que esta a veces genera.
¿Qué deberíamos priorizar los medios colombianos en nuestro cubrimiento a dos meses de la elección presidencial?
En Estados Unidos, hay cientos de redacciones que están usando la agenda ciudadana, que empieza por preguntarle a la comunidad qué quiere que los políticos hablen mientras compiten por su voto. Se hace un trabajo de escucha para luego preguntar. Esto ayudaría a decirles a los políticos: “no es mi pregunta, es la pregunta de la comunidad”.
La gente quiere saber cómo los políticos van a construir más casas para los de más bajos ingresos. No importa tanto la campaña sino lo que va a pasar: si este gana, qué pasaría. En Estados Unidos cubrimos la política de dos maneras: vamos a los eventos de los políticos con la esperanza errónea de agarrar algo extremo que no deberían decir, y la otra es la carrera de caballos. Ambas son malas para la democracia.
¿Por qué la segunda forma afecta la democracia?
Muchos títulares sobre los bombardeos en Irán eran: cómo afectará esto los chances de los republicanos en las elecciones de noviembre. Eso no le importa a nadie —se ríe—. Eso va a cambiar en una semana. La información que la gente necesita es qué van a hacer los políticos para solucionar sus problemas. La invitación es a cubrir campañas con la gente como centro y no en los políticos.
Para La Silla es clave cubrir cómo sube un candidato en campaña porque eso definirá su estilo y los favores que pagará en el gobierno. Eso hace parte de la carrera de caballos. ¿No es valioso para la audiencia?
No digo que haya que reemplazar el método A por el B. Cómo subió esta persona, qué compromisos ha hecho, a quién le debe su carrera. Eso hay que hacerlo. Pero lo difícil no es hacer esta reportería, sino dejar de hacer otras cosas para liberar recursos y hacer otro tipo de periodismo. Y lo que yo recomiendo, y lo que muchos periódicos en Estados Unidos están haciendo, es dejar de mandar a alguien a la campaña del candidato y destacar menos las encuestas. Ir más a las consecuencias que a la mecánica.
Sobre las encuestas, en Colombia hubo una veda recientemente y una modificación a la ley que hace más difícil compararlas unas con otras. En las elecciones a Congreso pocas acertaron. Aún así, ¿no sirven para orientar a la opinión?
Si eres un periódico muy local, y haces encuestas sobre candidatos que nadie más va a hacer, sumas valor. Pero no si replicas lo que todo el mundo va a replicar. No necesitamos 20 encuestas acerca de quién será el próximo presidente. Tampoco digo que no tengan importancia, pero son muy sobrecubiertas porque su relevancia mañana va a ser diferente. No deberían ocupar el 80% de la mente de los periodistas.
¿Se han vuelto una distracción?
Un poco, sí. No te daré el titular, pero sí: we are fan to cover them —nos fascina cubrirlas—.
Pero entonces, si la carrera de caballos no es lo ideal y las encuestas tampoco, ¿de qué deberían hablar los medios y un país presidencialista ad portas de elecciones? Partiendo de que la agenda ciudadana funciona más en elecciones locales.
La profundidad sería un aporte, porque mi problema es el breaking news. Es casi la misma información en todos los medios, solo varía el sesgo. Pero si ya no tienen a alguien viajando con el candidato o si no se publican historias un poco estúpidas sobre qué dijo ayer, ya están mejor que los otros. Menos breaking y más profundidad.
En elecciones hablamos más de polarización. ¿Todo es polarización?
Hay formas de palparla: la clase, la ideología, la edad (…). Pero es más que todo sentir que solo tenemos en común lo que nos divide. Y para mí lo increíble es que el periodismo logra hacernos pensar que estamos más polarizados de lo que realmente estamos. Se llama falsa polarización: mientras más noticias consumes, menos sabes qué piensan tus oponentes.
En Estados Unidos, un 30% de la gente se puede ubicar en los extremos. Y yo, si me paro en la izquierda, puedo pensar que el 80% de la derecha piensa diametralmente opuesto a mí. Y no necesariamente pasa eso. Esta falsa polarización alimenta la fábrica de miedo, les permite a los políticos llegar adonde están y contribuye a la rabia. Ya no somos adversarios sino enemigos, y eso es porque no tenemos una versión fiel de lo que piensa el otro lado.
La cobertura política contribuye a eso, porque la tendencia es buscar citaciones extremas y presentarlas como si fueran lo usual. Y no lo son.
Dices que los medios contribuyen a la polarización y la política, más en campaña, se entiende bajo la lógica amigo/enemigo. ¿Hay una tercera vía para que el periodismo no refuerce ese marco?
Claro, cuando cubres a personas del común, y les preguntas por qué apoyan a Trump o a Harris, o su equivalente aquí en Colombia, no debemos buscar caricaturas. Es decir: “Trump because he’s against immigrants”. Ah, sí, voy a publicar esto. No, pregunta mejor: “qué pasó en tu vida para llevarte a pensar así”. Entender al votante más que caricaturizarlo. Porque si puedes entender por qué la gente piensa lo que piensa, y cuál es su historia, eso ayuda a que el otro lo vea como un ser humano, y no como adversario.
¿Aplica para los políticos?
No, porque nunca van a contestar honestamente —risas—. Pero lo importante no son tanto los errores de los políticos, sino la carne de lo que proponen: yo apoyo esto, yo apoyo aquello. Pero entiendo que resistirse a lo primero es difícil.
Siguiendo esta idea de los errores, ¿hasta qué punto investigar las sombras de todos los candidatos puede terminar impulsando la polarización?
Eso hay que hacerlo.
¿Así las audiencias usen ese periodismo como dardo contra sus adversarios?
Si es legítimo, está bien. No depende del periodismo. Hay que golpear donde hay que golpear. Y si un candidato ha hecho cosas que lo reflejan en una luz negativa, too bad! Lo que hay que dejar de hacer es empujar a que los candidatos digan cosas más extremas.
Pero si un candidato dice algo vital, que en efecto podría polarizar, ¿hasta qué punto no publicar es privar a la audiencia de más elementos para leerlo?
¿Debe el New York Times cubrir todas las bobadas que dice Trump?
No, pero si un candidato dice que va a destripar a la izquierda, como ya lo hizo el de la ultraderecha aquí en Colombia, ¿no publicar estaría bien?
Es delicado. Dicen cosas para ganar la atención y aumentar el miedo.
Es importante reportear que la derecha en Colombia ha tomado un cambio hacia la rabia, más punitivo y menos controlado, y that statement it’s a part of a very important thing to show, pero detrás está la fábrica de miedo. La apuesta debe ser ir detrás de lo que dice.
Claro, ambas, pero ese statement muestra el talante del candidato. ¿El periodismo no debería recogerlo porque polariza?
No sería del todo justo decir que hay audiencias que también buscan polarizar, pero sí esperan contenido que reconfirme sus sesgos. ¿Cómo lidiar con eso?
Es cierto. La gente está buscando dónde confirmar sus sesgos. Pero creo que tiene que ver más con los medios del clic, que quieren que la gente visite una historia. Otros modelos de negocio pueden escapar más fácil a esto y buscar por el contrario engagement.
Cada vez son más los periodistas que cantan sus sesgos. En esta campaña, algunos han usado sus micrófonos para decir por quién no votar. ¿Eso es saludable?
Pues en Estados Unidos opera un mito: si no revelas tus preferencias, no existes. Y tendría cierto sentido si hablamos de transparencia.
¿Incluso decir por quién no votar?
Creo que sí, lo que hay que distinguir son las preferencias y la cobertura.
Y sobre los políticos que le piden a los medios hacer explícitos sus sesgos, como el candidato del oficialismo aquí en Colombia, y los que muestran una actitud hostil vía acoso judicial…
Eso es cubrimiento de democracia y no solo pasa en campañas. La pregunta sería más bien si eso es señal de que se está reduciendo el espacio para la democracia en Colombia. Lo otro es que desde que ha habido políticos estos han atacado a la prensa. No les gusta. Y a nadie le importa como a nosotros. Pero hay que cubrir la democracia como tema.
Y cómo cubrir la democracia cuando el paradigma liberal ha entrado en crisis y los populismos de izquierda y derecha vuelven a copar agendas.
Hay amenazas a la institucionalidad, y tal vez hay que ser activistas y juntarnos con organizaciones civiles para protegerla. Querer libertad, democracia, instituciones fuertes no es partidista sino legítimo. Pero hay que ser sofisticados para no jugar el juego de los políticos populistas. Si un populista hace esto, cómo responde el periodismo.
Tengo la sensación de que deberíamos cubrirlos distinto.
Mirando el auge de Hitler, si lo que hicimos antes ya no sirve, qué más herramientas tenemos disponibles desde el periodismo. Ahora mismo no las veo.
¿Defender la democracia liberal sería un sesgo?
No, no creo. And if it is, it’s an okay bias —un sesgo aceptable—.
Aterricemos en el periodismo de soluciones. Has dicho que no sirve para cubrir a Trump. Serviría para cubrir a Petro, que va de salida, o a cualquier otro político.
No es una herramienta para noticias del día a día. Para que sea apto para el periodismo de soluciones un problema debe tener dos cosas: que sea ampliamente compartido, porque si lo es varios lugares han intentado solucionarlo y por eso valdría la pena cubrir esas soluciones; y que sea un fallo sistémico, porque si la solución a un problema es el carisma de un político, entonces no es una buena solución que otros puedan replicar. Es más útil para cubrir educación, salud, justicia criminal, ambiente, pero no a Trump.
¿Y cómo llevar algo de este periodismo a las redacciones que no se soportan en el breaking pero sí en la coyuntura política?
Debe ser centrado en la política pública. Si un candidato dice que va a poner contra la pared a todos los inmigrantes, bueno, miremos otro lugar donde lo hayan hecho: cómo funcionó, cuáles son las consecuencias. Por ejemplo, en Brasil, cómo regresaron a la democracia liberal después de Bolsonaro, qué hicieron. La idea con el periodismo de soluciones, aún en la política, es cubrir quién más hizo esto con éxito, y cuál fue su secreto.
No es del todo fácil cultivar ese hábito en las redacciones.
Tal vez no es del todo bueno para un medio cuya misión es cubrir la política a profundidad. Si se cubre que el jefe de finanzas de un hospital robó dinero y compró un yate es un foco interesante, pero no importa tanto como cubrir que un hospital no tiene medicamentos y luego buscar uno que lo resolvió. No son los temas más glamurosos, pero sí los más relevantes para la vida diaria de los lectores.
¿Este periodismo podría atraer a audiencias que suelen ser apáticas a la política?
Por supuesto. En Estados Unidos hay tres estados que no suelen destacarse por nada, Mississippi, Alabama y Luisiana, y allí los estudiantes más pobres están teniendo éxito con la lectura. Es una historia que a la gente le interesa.
Las soluciones desde el periodismo nacen como una forma de combatir el hartazgo y el fatalismo frente a las noticias. ¿Ha menguado en algo ese sentimiento?
Sí, pero hay medios que siguen tratando de cubrir todo y no pueden. Hay que poner el valor en lo que importa.
¿Eso ayudaría a lidiar con el desprestigio que nos persigue?
Sí, la falta de confianza está relacionada con la negatividad. Y no solo tiene que ver con si lo que publicas es o no verdad. Creemos que el periodismo de investigación es el máximo, y lo comparto en parte, pero mucha gente que lo lee siente que somos francotiradores, que no somos actores cívicos responsables cuando hacemos periodismo de investigación. Que estamos a un lado —Tina recrea el acto de cargar una pistola— shooting at people who are trying to do their best. Mucha gente piensa que estamos en contra de ellos y no con ellos, y así van a ser muy defensivos como para tomar en serio nuestros hallazgos.
