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A las cuatro mejor

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29.03.2026

Hay un tipo de riqueza que sostiene la vida con más firmeza que cualquier otra inversión. Es la tranquilidad íntima de saber que uno tiene familia y amigos buenos: gente que lo tiene presente, que lo invita, que lo incluye, que se alegra cuando se ven, y en los momentos difíciles, se acuerda de pedirle a su Dios por la salud y la paz de uno como parte de los suyos.

Ese sentimiento de orgullo sereno suele parecernos natural, casi inevitable. Como si las relaciones humanas crecieran solas, como los árboles después de la lluvia… pero no.

Las relaciones no se dan por generación espontánea, se cultivan. También se deben mantener con algo tan simple como escaso: la cercanía, la frecuencia, la repetición de conversaciones, comidas, encuentros y pequeñas ceremonias que, con los años, terminan convirtiéndose en la red invisible de la tranquilidad y trascendencia.

En una época que corre a velocidad digital, conviene recordar a Antoine de........

© La República