El ruido y las máscaras
Vivimos en una época donde el silencio incomoda más que el conflicto. Donde estar ocupados parece una virtud y pensar en soledad, una pérdida de tiempo. El ruido -digital, social, emocional- se volvió una forma aceptada y perpetuada de evasión. Opinamos de todo, reaccionamos a todo, compartimos todo, pero rara vez nos detenemos a mirar qué está pasando realmente dentro de nosotros. El ruido nos mantiene en movimiento, pero no necesariamente en dirección.
Sino se ha dado cuenta, el ruido cumple una función clara: evita el encuentro con uno mismo. Nos mantiene distraídos de las conversaciones que no queremos tener, de las decisiones que seguimos postergando y de las heridas que preferimos no tocar. Mientras haya........
