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País berraco

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Dos eventos recientes, que reunieron a candidatos a la Presidencia de la República y gobernadores, dejan la firme impresión de que estamos ante un país vivo; un país berraco.

En la Universidad de La Sabana, en Chía, durante un encuentro organizado por la Federación Nacional de Departamentos (FND), quedó confirmado que debemos formar gerentes públicos cuya prioridad sea privilegiar la calidad de vida.

Lo más importante es la generación de confianza, el principal llamado de los gobernadores en este encuentro donde presentamos nuestro Libro Blanco ‘Las regiones proponen’, un compendio de proyectos concretos para impulsar los territorios.

Los candidatos ratificaron su voluntad de generar unidad y evitar mayores desequilibrios; por nuestra parte, insistimos en la necesidad de no seguir burlando ni esquivando la autonomía regional.

El otro evento clave fue Naturgas, centrado en la transición energética. La meta de reducir las emisiones a 110 millones de toneladas netas de CO2 se ha aplazado de 2030 a 2035. No hemos cumplido con la mayor exigencia al sector: emitir menos carbono.

La elección entre garantizar el suministro de gas o priorizar la no emisión de CO2 conduce al mismo punto: hace falta gas y cada vez es más difícil extraerlo del subsuelo.

La discusión, inevitablemente, gira en torno al fracking. Esta técnica de extracción se utiliza con éxito en Estados Unidos, mientras que aquí seguimos sumidos en el debate de si implementarla o no. La seguridad energética no debe reñir con la transición; es, guardadas las proporciones, como la diferencia entre obtener agua de una botella o del grifo.

Mantenernos en un estado de pobreza energética no tiene justificación. Tenemos suficiente gas y la región Caribe se destaca como el epicentro de la transición por sus condiciones naturales para la energía solar y eólica.

Cuatro factores determinan hoy la estabilidad del sistema: el precio nacional, el costo del gas importado, los cuellos de botella en el transporte y el impacto del Fenómeno de El Niño. El desafío urgente es llevar energía al sector rural, donde aún se depende de la leña, la cual debe ser sustituida por gas.

Hoy contamos con 12 millones de usuarios y el servicio se presta con subsidios en todos los municipios para ampliar la cobertura. Sin embargo, preocupa la pérdida del 45 % de la demanda industrial, que ha migrado hacia el GLP (Gas Licuado de Petróleo), el carbón o energías limpias.

Antes no se estimulaban las inversiones en gas. Ante la crisis actual, se trabaja en una matriz que integre más renovables, siguiendo ejemplos como el europeo, donde incluso han debido recurrir al carbón para sostener su sistema, algo impensable hace poco.

Muchas reglamentaciones limitantes deben ser eliminadas. No solo son inútiles, sino que impiden una visión amplia para construir un sistema competitivo. Lo más costoso es el racionamiento. Además, la gran expectativa de la revolución de la Inteligencia Artificial no será posible sin energía firme. Hay que utilizar todas las fuentes disponibles para organizar la sociedad.

La conclusión es clara: tenemos el potencial y los proyectos para la transición solar y eólica, pero el sistema colombiano históricamente privilegió la energía hidráulica y construyó su estructura de transmisión en torno a ella. No ocurrió así para el Caribe. En todo caso, somos un país que debate y propone: un país berraco.


© La República