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El terremoto político de Hungría

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15.04.2026

Durante más de una década, Viktor Orbán pareció intocable. Construyó un sistema en el que el miedo, la lealtad y el control de la información se fusionaban en una fuerza política inquebrantable. Sin embargo, las elecciones del 12 de abril hicieron añicos esa imagen y pasarán a la historia como el inicio de una nueva transición. El otrora todopoderoso primer ministro que definió la política de Hungría durante una generación interpretó mal a su país en casi todos los frentes, desde su juventud hasta su lugar en el mundo.

La derrota de Orbán no fue repentina. Fue la culminación de tendencias que se negó a ver. El primer y quizás más decisivo error radicó en su guerra contra los jóvenes. En lugar de conectar con una nueva generación criada en Internet y que vive en una Europa sin fronteras, los trató como enemigos. Se burló de sus valores, menospreció sus preocupaciones sobre la educación, las oportunidades laborales, la sanidad y la libertad de expresión, y llenó la esfera pública de nostalgia por un pasado que ellos nunca habían vivido. Esta estrategia puede que funcionara con los votantes de más edad que anhelaban seguridad, pero alienó a millones de personas que buscaban oportunidades y apertura. Al final, los jóvenes no se quedaron en casa: votaron por el cambio.

Ni siquiera la visita del vicepresidente estadounidense J.D. Vance, que en su momento se promocionó en los círculos del partido Fidesz como prueba de la creciente influencia de Orbán en el conservadurismo global, logró generar entusiasmo más........

© La Región