De moda, la imputación hereditaria
El fútbol, la geopolítica y la justicia se enlazan con la naturalidad con la que Europa une cumbres y dudas. Cristiano Ronaldo ha llegado al punto en el que los años se celebran, pero los goles no. El Mundial avanza y él, que fue cometa, supernova y sistema solar entero, vive un descenso de naturaleza futbolística tan evidente que ni en la Cumbre de la OTAN se ha visto algo caer tan rápido. Y allí tampoco están los goles. Ni siquiera con una Begoña Gómez que esta vez no puede irse de tiendas; mientras Europa se juega si tiene músculo para defenderse o seguir esperando que lo hagan por ella, como en la Primera, la Segunda o la Guerra Fría.
Ronaldo sopla velas, pero no redes. Europa sopla discursos, pero no estrategias. El portugués mira al césped como quien mira un viejo amor que ya no responde. Europa mira a Washington como quien mira un vecino que siempre ha tenido herramientas........
