“Tin tentasen tintatón, tentaban inchensos trules…”
Era una máxima…En trampitán; pero, no por ello, menos veraz: “Si cesase la ambición, - decía Juan de la Coba- cesaban inmensos males…”. El idioma artificial, creado por el ourensano, veía la luz, aquí, en la ciudad de As Burgas, en un tiempo, en el que “todo el mundo” sobrestimaba el propio talento artístico. Vicente Risco y Cándido Fernández Mazas contabilizaban, como si de un “censo” se tratase, la friolera de 158 poetas. Bien es cierto que, a continuación, ambos concluían que ésta era tan buena tierra que lo mismo daba rosas que hongos.
El ser humano, a menudo, fue un soñador, un creador, un ilusionista…Y más aún, tras el renacimiento de visiones filosóficas que, antaño, habían quedado encorsetadas. Gregorio de Nisa ya, en el siglo IV, rompía con el relato bíblico de que para frenar el exceso ambición del hombre Dios había confundido sus lenguas. Nada más lejos de la realidad. La diversidad de lenguas -según el doctor de la Iglesia- tenía que ver más con la dispersión humana. Y el despertar a este nuevo enfoque mental, en el último cuarto del siglo XIX, abría la puerta a la búsqueda de un idioma universal.
Pronto apareció, el volapuk, creado por el sacerdote germano, Johann Martin Schleyer, en 1879, tomando bases léxicas del inglés, del........
