Amuletos de bolsillo
El primer libro que compré en mi vida fue uno de bolsillo. Tenía solo nueve años y veinticinco pesetas en un monedero de cuero que me regalaron por la primera comunión. La ocasión quiso que una nueva Feria del Libro acabara de plantarse en una de las plazas más populares de la ciudad. Yo no había entrado nunca solo a una librería, y aquello me ayudó -¡y cómo!- a quitarle gravedad al acto de comprar un libro. Aunque en 1980 cualquier texto «serio» no bajaba de las cien pesetas, de repente sentí la necesidad de gastar mi paga en algo que no fueran cromos o golosinas. «¿Y si te llevas uno de bolsillo, niño?», sugirió una de las vendedoras. Me tendió entonces un tomo pequeño, alargado como una tableta de chocolate, impreso en un llamativo color naranja, en el que leí un título prometedor: Recuerdos del futuro. Acaricié su cubierta como quien amansa a un cachorro, y tras comprobar que se ajustaba a los cinco duros que atesoraba, me lo llevé.
Fue la inversión de mi vida. De repente descubrí que, incluso con una economía tan magra como la mía, podía ir construyéndome una biblioteca propia. Las colecciones Rotativa, El arca de papel o Realismo fantástico fueron poblando baldas deslumbrándome con textos cada vez más asombrosos. Cuando, dos décadas más tarde, me convertí en escritor y los editores se........
